La música seguía sonando, las luces cálidas iluminaban el jardín y Celeste reía rodeada de invitados. Desde afuera, la fiesta parecía perfecta.
Por dentro, todo estaba a punto de romperse.
La discusión había comenzado de forma sutil, casi imperceptible. Un comentario de Laura, una respuesta contenida de Alma, la rigidez repentina de Tomás. Nadie alzó la voz, pero el aire se volvió espeso.
Tomás empezó a notar algo que antes siempre había ignorado:
la forma en que Laura intervenía, cómo cerraba