La música seguía sonando detrás de la puerta, pero para Alma el mundo había quedado en silencio, el suelo parecía desaparecer bajo sus pies, no sentía sus manos, y su cabeza era un torbellino de pensamientos.
Demasiada información. Demasiados años concentrados en una sola noche.
Estaba confundida, abrumada. Nada de lo que Tomás le había contado justificaba el daño que le había hecho, pero tampoco podía ignorar lo que acababa de descubrir. La historia no era simple. No era blanca ni negra. Era