Alma cerró la puerta del hotel y apoyó la espalda contra la madera como si el cuerpo ya no pudiera sostenerse solo. El silencio de la habitación fue inmediato, denso, insoportable. Dio unos pasos torpes y se dejó caer en la cama sin siquiera quitarse los zapatos.
Las lágrimas comenzaron a caer sin permiso.
No quería justificar a Tomás. Se lo repetía como un mantra. No podía hacerlo. El daño estaba hecho, las humillaciones, la soledad, la desconfianza. Nada de eso desaparecía por una explicación