El edificio de Beltrán & Hijos se alzaba sobrio frente al puerto, con una fachada de vidrio y piedra que reflejaba el movimiento constante de la ciudad. Alma se detuvo un segundo antes de entrar. No era nerviosismo exactamente, sino la conciencia de estar cruzando un umbral importante.
—¿Lista? —preguntó Tomás, ajustándose el saco.
Alma asintió.
—Quiero hacerlo bien —respondió—. No solo porque soy tu esposa.
Tomás la miró con una sonrisa breve.
—Eso es justamente lo que me enamoro de tí.
El int