El Discurso Final

Esperanza y Alma se apresuraron a tomar sus asientos en la ceremonia de graduación, estaban eufóricas, luego de años de estudio iban a poder comenzar sus vidas, ambas tenían prometedoras carreras y muchas ofertas de trabajo, habían sido estudiantes destacadas y habían finalizado la carrera de Finanzas con éxito, además tenían muchos sueños y metas por cumplir.

—Para dar el discurso de finalización llamamos a la estudiante destacada de la generación: Rios, Alma, quien además, hoy se gradúa con honores de nuestra prestigiosa universidad.— Sonaron los altoparlantes.

Alma, camino con toda seguridad hacia el escenario, pudo ver en el camino a sus compañeros, a sus profesores, y aún más allá en las gradas a sus padres y hermanos quienes tomaban fotos y sonreían con notable orgullo. Estaba nerviosa pero había preparado muy bien su discurso, incluso usó a Esperanza como su público para poder practicarlo miles de veces.

—Una etapa a finalizado, pero una nueva comienza, llena de desafíos, expectativas, hoy nuestras vidas cambian para siempre….—. Alma miró hacia el público y lo vio, entre todos aquellos familiares orgullosos. Con un enorme ramo de rosas rojas, estaba Tomás, lucía su cabello peinado de forma impecable, su costoso traje de diseñador que aun así dejaba ver su cuerpo  tonificado, lucía elegante, su altura opacaba al resto de mortales. El corazón de Alma se aceleró, comenzó a titubear, se quedó por unos segundos en silencio, pero recuperó la compostura y pudo finalizar su discurso con éxito.

Los aplausos resonaron en cada rincón del auditorio de la Universidad de Luminaria.

Ya sentada, Esperanza le preguntó qué había sucedido

—¿Estás bien?, te ves ¿Sonrojada?

—Esperanza, creo que me estoy volviendo loca.

—¿Qué dices?

—Me pareció ver al señor Beltrán en el público.

Los ojos de Esperanza se abrieron como platos, soltó una risa ahogada—.Debes haber alucinado por los nervios.

—Si, seguramente fue eso, debo tranquilizarme.

—Rios, Alma.—. Alma tomó su diploma y recibió un enorme abrazo de la Srta. Adams su profesora de la universidad

—Lo lograste, tienes por delante un futuro brillante—.Sonrió orgullosa.

Posando allí en la foto final, volaron todos los birretes, los aplausos continuaban resonando, el orgullo y la alegría inundaban el aire del auditorio.

Cuando terminó la ceremonia, comenzaron las fotografías y felicitaciones. Alma estaba emocionada posando con sus amigas cuando de repente sintió una fuerte mano en su hombro, al voltear su corazón se aceleró…Es él, pensó…

—Hija querida, que hermoso tu discurso—.Dijo Alberto, su padre, con mucho entusiasmo.

—Eres un orgullo para la familia—. Dijo su hermana Marcela.

—Toda una cerebrito—. Se unió su hermana Isis a la conversación.

Alma sonrió con decepción, a pesar de estar muy feliz porque su familia la estaba acompañando en sus logros, se sintió decepcionada al seguir esperando a alguien que no llegaría.

—Todo un orgullo, además de hermosa, inteligente—. Una voz varonil resonó detrás de su familia, la impresionante figura de Tomás se abrió paso entre la gente, su excitante aroma podía sentirse a kilómetros, las miradas de todos se dirigieron a él, sus hermosos ojos grises parecian más azules con la luz de sol, Alma no daba crédito a semejante presencia.

—Señores Ríos, mucho gusto, mi nombre es Tomás Beltrán, soy CEO del grupo Beltrán &  hijos, de Puerto Niebla. Conocí a Alma hace dos semanas y quedé completamente cautivado por su belleza, su inteligencia y su maravilloso buen humor. Vengo para casarme con ella y llevarla a vivir conmigo a mi ciudad natal.

Alma estaba estupefacta, con los ojos llenos de lágrimas se arrojó a los brazos de Tomás, dejando a todos boquiabiertos.

—Viniste—. Dijo casi sollozando.

—Alma, soy un hombre de palabra, jamás haría una promesa que no puedo cumplir.

La familia de Alma quedo en completo silencio, entonces su padre con voz firme dijo —Señor Beltrán, Alma es una excelente niña, siempre ha llenado de orgullo a sus padres con sus logros, ahora ella es una adulta y puede tomar sus propias decisiones, si ella decide irse con usted, su familia no es quien para decir lo contrario. Solo voy a pedirle que cuide a nuestro preciado tesoro, ella merece respeto, amor y fidelidad, y aunque no lo conocemos, confiamos en que ella tomará la mejor decisión.

Alma no podía creer lo que estaba sucediendo, pero ella sentía que su amor era real y que Tomás había sentido lo mismo, era el momento justo, por algo las cosas sucedian de esta manera y no podía desaprovechar la oportunidad que la vida le estaba dando de ser amada y feliz.

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