46. Esto es un error.
Los días que siguieron al ataque no trajeron paz. Trajeron silencio.
Pero no era un silencio tranquilo, ¡qué va! Era uno de esos silencios elegantes, incómodos, pensados para que nadie hiciera preguntas. Elena y Liam se movían por la mansión Wallace como invitados eternos en una casa que no sentían suya. Todo brillaba demasiado, estaba impecable… y, sin embargo, cada lujo le parecía otra forma distinta de estar encerrada.
Renata no gritaba. No soltaba indirectas pesadas ni los echaba a la calle