45. Solo un encargo.
Eran las tres de la tarde. Elena cerró los ojos bajo el chorro caliente, intentando borrar la conversación del jardín.
Liam estaba en el parque con Rosa. Eso era lo único que le permitía respirar.
Hasta que algo se rompió en el salón.
Elena cerró el grifo de golpe. El silencio regresó, pero esta vez pesaba. No era el viento.
Salió de la ducha empapada, envolviéndose en la toalla con manos torpes y resbaladizas.
— ¿Hola? — llamó con voz temblorosa — ¿Hay alguien?
Nadie respondió. Solo el sonid