47. No quiero irme.
Elena se quedó de pie unos segundos. Quietísima. Sabía perfectamente lo que iba a hacer… y aun así le temblaban un poco las piernas.
Byron se acercó despacio. Con cuidado. Como si entre los dos hubiera algo frágil que pudiera romperse con un simple gesto.
— Si quieres irte, dime ahora — murmuró.
No sonó exigente. No fue una orden. Fue casi… una rendición. Pero la tensión estaba ahí, vibrando en el aire.
Elena negó con la cabeza.
— No quiero irme.
Lo que quería era dejar de pensar. De analizar.