43. Hola, señora de los ogros.
El sonido de su teléfono la despertó, estiró la mano medio dormida y leyó el mensaje.
"¿Desayunamos? Conozco un sitio tranquilo."
Elena apretó los párpados. Sabía que ir era una estupidez. Que cada minuto con él podía significar una grieta más en la pared que le había costado la vida levantar. Pero después de lo que pasó en la terraza, ya no le salía mentirse a sí misma.
"Está bien. ¿A qué hora?"
"A las 9. Te paso la dirección."
Se levantó despacio, tratando de no mover las sábanas para no d