Mundo ficciónIniciar sesiónIsabela Montalvo ocultaba su identidad de heredera millonaria y llevaba cinco años casada con Lucas Vidal, quien la colmaba de cariño y atenciones. En su quinto aniversario, su abuelo finalmente cedió y le permitió regresar a la familia con su esposo para heredar el negocio familiar. Pero justo en ese momento, Isabela descubrió un secreto devastador: Lucas no solo la amaba a ella, sino que también estaba profundamente enamorado de su asistenta Valeria Salas. Todo lo que Isabela tenía —el lugar de esposa, el cariño— también lo tenía Valeria. Y aquello que ella anhelaba sin poder alcanzarlo —un hijo— Valeria ya se lo había dado. En los últimos treinta días, Isabela comprendió por completo la falsedad tras la aparente devoción de Lucas. —Un mundo para tres es demasiado estrecho —dijo, secándose las lágrimas—. Mi lugar se lo dejo a ella. Lucas, no volveremos a vernos. Dos años después, la ciudad estaba cubierta por una intensa nevada. Lucas se arrodilló humildemente frente a la imponente entrada de la casa de Isabela, cubierto de nieve: —¡Isabela! ¡Me equivoqué! ¡Por favor, no me abandones! ¡No puedo vivir sin ti! Isabela, tomándole el brazo de otro hombre, salió con serenidad. El hombre se inclinó, con una ligera sonrisa burlona: —En su mundo, ya no hay lugar para ti.
Leer másAl pensar que la pastilla abortiva que Lucas había preparado para Isabela se la había tragado ella por su propia codicia, y que por eso había perdido a su bebé varón, ya formado, Valeria odiaba a Isabela con toda su alma.Y más aún al ver que, desde el momento en que Isabela regresó, la mirada de Lucas no se había apartado de su rostro ni un instante. Valeria la odiaba todavía más.No pudo evitar acercarse y decir con una sonrisa falsa:—Isabela, ¿de verdad fuiste a los Andes por Lucas? Qué sacrificio. Todos estamos deseando verlo.Las tres miradas se clavaron en ella, esperando su siguiente movimiento.Isabela observó sus rostros uno tras otro y pudo ver en sus ojos la misma expectación y la misma codicia.No pudo evitar esbozar una sonrisa fría por dentro.Por fin se levantó, fue hasta su maleta y sacó un objeto irregular envuelta en una bolsa de tela corriente. La puso delante de Lucas.—Lo siento, Lucas —su voz seguía ronca—. Nada más llegar a los Andes me puse enferma, estuve dos
Mientras entraba por la puerta tras Lucas, Isabela alcanzó a ver una figura asomada a la ventana del segundo piso.La ligereza que había disfrutado durante dos días se le esfumó de golpe, y sintió un peso enorme, como si fuera a un funeral.Por mucho que hubiera preparado sus emociones, al cruzar el umbral estuvo a punto de derrumbarse.Si pudiera, se mudaría hoy mismo, cuanto antes mejor.Menos mal que faltaba poco… solo seis días.Podría despedirse para siempre de aquella relación agobiante que le daba asco, y alejarse de esas dos personas a las que no quería volver a ver en toda su vida.Lucas notó la evidente distancia en la actitud de Isabela. Su mirada, antes ardiente, se fue enfriando.La siguió mientras ella se cambiaba tranquilamente de zapatos, subía con su bolso, bajaba a cenar… Sus movimientos eran tan naturales como siempre.Pero él ya no sentía que su corazón latiera por él.¿Y su sorpresa de cumpleaños?¿Cuándo pensaba dársela?¿Acaso lo estaba manteniendo en vilo a prop
—Tonta —dijo Carolina—. El amor de verdad no es solo que tú des y des. El amor de verdad es que tú te quedas donde estás y la persona que te quiere viene a buscarte.Isabela se secó las lágrimas.—Cuando termine con Lucas, no volveré a creer en el amor. En este mundo ya no existe un amor tan puro como el de mis padres… Lástima que ellos solo se querían a sí mismos, y yo era la excepción.El corazón de Carolina dio un vuelco.Recordó que cuando Isabela tenía siete años, su madre, que era médica, había viajado al extranjero para luchar contra una epidemia y se había contagiado del virus. Su padre, sin pensarlo, había ido a acompañarla, y finalmente ambos habían fallecido.Hasta el último momento, murieron con los dedos entrelazados, dejando atrás a una hija para siempre sola.—Algún día encontrarás el amor de verdad —la consoló Carolina en voz baja—. No lo niegues todo solo por un error.Isabela negó rotundamente con la cabeza:—No, no lo encontraré.Dicho esto, levantó la vista hacia el
Alejandro acompañó a Lucas y bebieron hasta el amanecer.Durante ese tiempo, Lucas no dejó de mirar el teléfono de vez en cuando, pero el celular permanecía en silencio, sin un solo mensaje, ni siquiera de spam.—Vámonos a casa. Deja de esperar.Alejandro le dio una palmada en el hombro para consolarlo.—Desde que empezamos a salir, todos los años en mi cumpleaños ella me ha dado su sorpresa puntualmente. Solo este año es la excepción.Lucas tenía el ceño fruncido, el pecho oprimido, sin entender nada.—Será mejor que la llames para preguntarle. Está embarazada, no vaya a ser que le haya pasado algo.Alejandro dudó un momento, pero al final no pudo evitar advertirle.Lucas, sin embargo, negó con la cabeza, imperturbable:—No, no te preocupes. Isabela siempre ha sido muy precavida. Aquella vez que fue a buscar la maca, la atracaron por el camino, y aun así consiguió proteger la maca para que no se la robaran, solo perdió unas pocas monedas que llevaba encima.Alejandro, al verlo tan con





Último capítulo