Apenas amanecía cuando un llanto infantil resonó con fuerza en la villa.
Al oír llorar a Elena, Lucas saltó de la cama de un brinco, salió disparado hacia la habitación de Valeria y la tomó en brazos.
—¡Papá! —Elena se abrazó a él entre sollozos—. ¿Tú y mamá van a tener un hijito? ¿Ya no me quieren a mí, su bebé querida? ¿Verdad?
—Tonta —Lucas la acarició con voz suave—. ¿Quién te ha dicho eso?
Valeria tiró de la manga de Lucas. Tenía los ojos enrojecidos y la voz ligeramente temblorosa:
—Lucas,