Isabela, desconcertada, levantó la cabeza con los ojos nublados y alcanzó a ver a un joven de rasgos finos, vestido con traje, que estaba frente a ella. Detrás de él, un hombre alto y bien proporcionado, con un traje y un sombrero que le cubría el rostro, dejaba adivinar poco de su aspecto, pero de él emanaba una presencia imponente de alguien con poder.Parecía… un pez gordo.Isabela miró a su alrededor. Creyéndose en un rincón, se dio cuenta de que en realidad estaba en la entrada del estacionamiento.—Disculpe, yo…Se disculpó instintivamente e intentó ponerse de pie para apartarse, pero de repente sintió la cabeza pesada y los pies ligeros, y se desplomó sin fuerzas.Un abrazo firme la recibió y la envolvió al instante.Isabela quiso abrir los ojos, pero un mareo violento la arrastró a un abismo de inconsciencia.—Señor, ¿por qué se desmayó? Esto…—Llévala al hospital.El hombre estaba a punto de entregar a la mujer a su asistente cuando, de repente, una ráfaga de viento apartó el
Leer más