Al pensar que la pastilla abortiva que Lucas había preparado para Isabela se la había tragado ella por su propia codicia, y que por eso había perdido a su bebé varón, ya formado, Valeria odiaba a Isabela con toda su alma.
Y más aún al ver que, desde el momento en que Isabela regresó, la mirada de Lucas no se había apartado de su rostro ni un instante. Valeria la odiaba todavía más.
No pudo evitar acercarse y decir con una sonrisa falsa:
—Isabela, ¿de verdad fuiste a los Andes por Lucas? Qué sacr