Mientras entraba por la puerta tras Lucas, Isabela alcanzó a ver una figura asomada a la ventana del segundo piso.
La ligereza que había disfrutado durante dos días se le esfumó de golpe, y sintió un peso enorme, como si fuera a un funeral.
Por mucho que hubiera preparado sus emociones, al cruzar el umbral estuvo a punto de derrumbarse.
Si pudiera, se mudaría hoy mismo, cuanto antes mejor.
Menos mal que faltaba poco… solo seis días.
Podría despedirse para siempre de aquella relación agobiante qu