Mundo de ficçãoIniciar sessãoRosaura creía que lo había perdido todo la noche en que descubrió que Rebecca estaba embarazada de su esposo. Humillada y dispuesta a firmar el divorcio, se refugia en el alcohol para olvidar. Pero el destino tiene otros planes cuando un imponente y billonario desconocido la reclama en un bar. Él no solo tiene el poder para hacer temblar a su exmarido, sino un deseo ardiente de enseñarle lo que significa pertenecerle a un hombre de verdad. Cuando el amor del pasado regresa con una tarjeta Black Premium y sed de justicia, la "esposa patética" está a punto de convertirse en la mujer más codiciada de la alta sociedad.
Ler mais—¿Crees que a Dominic le gustará este reloj para nuestro aniversario?
Rebecca soltó una risa incrédula. —Rosaura, llevas cinco años intentando que ese hombre te mire como antes. Fruncí el ceño. —Dominic solo está ocupado. —Claro —murmuró ella—. Tan ocupado que olvidó tu cumpleaños el año pasado. Bajé la mirada hacia el reloj de oro entre mis manos. —Este año será diferente. Rebecca suspiró, claramente cansada de discutir conmigo. —Como quieras, hermanita. —Disculpen, señoras, ¿les gusta este reloj? —¡Sí! Por supuesto, quisiera empacarlo para llevarlo. —Perfecto, permítame empacarlo; por favor, pase por caja para culminar con los detalles. Asentí y me dirigí a la caja, donde pagamos y salimos apresuradas por deseos de Rebecca. —¡Por fin! —Rebeca estiró los brazos—. Me estaba muriendo de aburrimiento ahí dentro. Solté una risa pequeña. —Bueno, ¿quieres comer algo? Rebeca miró por quinta vez su teléfono: —No, no, tengo una cita importante. Fruncí el ceño divertida: —Uyyyy, una cita, ¿he? A ver quién es el afortunado. Quise asomarme, pero Rebeca reaccionó rápido. —No empieces. —Guardó el teléfono demasiado rápido dentro del bolso. —Hmm, eso suena demasiado sospechoso. —Insistí en molestarla. —Ya, ya, ¿podemos irnos? Me burlé de ella. —Como digas, ya no te detengo más. —Le tendí un abrazo grande: —Cuídate mucho, ¿ok? —Sí, sí, como digas. —Me dio unas palmaditas en la espalda. La solté y ella se marchó; me quedé unos segundos mirándola de espaldas hasta que desapareció entre la multitud. Luego me di vuelta y tomé un taxi hacia la mansión Collins. Al llegar, no quise perder más el tiempo en otras cosas que no fueran preparar la cena perfecta para mi quinto aniversario con mi esposo. Me puse manos a la obra y comencé con la comida, un pastel de un piso, pero me esmeré en que estuviera perfectamente decorado. También preparé un pollo entero al horno con romero y papas; era su comida favorita. Por último, preparé la mesa, puse velas sobre un decorador en el centro de la mesa, sobre un mantel blanco; me esforcé por organizar cada plato, cada cubierto de una forma que solo a Dominic le gustaba. Al terminar, me alejé unos cuantos pasos para observar la escena; era perfecta. Solté una sonrisa de la emoción y, claro, jamás podía ignorar el hecho de que estos cinco años a su lado fueron los mejores de mi vida. No fueron fáciles, claro está, debido a la dura personalidad de Dominic, pero él ha sido un excelente esposo, muy devoto y entregado a su trabajo; quería recompensarlo con esta grandiosa cena. Miré el reloj en la pared. —¡Es tardísimo! —me dije, corriendo a la habitación matrimonial. Me duché y me puse el vestido negro que se ajustaba a mi cintura, nada extravagante; él odiaba lo exagerado. Me peiné el cabello y, por último, tomé el labial rojo y lo pasé sobre mis labios; me quedé un segundo pensando. —No, no, es demasiado llamativo. Lo quité con una toallita y probé con otro tono más suave. —Este tampoco es muy pálido; lo voy a espantar. —Probé con un tono más marrón. —Mucho mejor. Sonreí para el espejo y di media vuelta para ver cómo me quedaba el vestido; era perfecto, ¡a él le encantará! De repente oí la puerta de la casa abrirse y cerrarse de golpe; mi corazón dio un vuelco y me estiré la parte baja del vestido y me dispuse a salir rápido de la habitación. Bajé por las escaleras y ahí estaba, elegante y ocupado como siempre. —No, no, no quiero que firmes nada hasta que yo mismo haya leído los contratos; no quiero que cometan el mismo error que el año pasado. —Reclamó por teléfono, colgó y aflojó el nudo de la corbata, soltando un suspiro de cansancio. Luego volteó a verme. Su expresión se endureció apenas nuestros ojos se encontraron. Mis dedos se aferraron inconscientemente a la tela del vestido, me sentí ridícula por haberme arreglado tanto. —¡Cariño!... Llegas tarde. —Lo saludé con un tono suave, acercándome a él con cuidado. —Hubo mucho tráfico. —Respuesta fría, neutral, como si estuviera hablando con uno de sus empleados. Me acerqué para darle un beso en la mejilla, pero él se apartó y comenzó a caminar dándome la espalda. Me quedé tiesa, pero rápidamente me recompuse. Tuvo un mal día, sí, es normal que lo tenga... me dije. Dominci llegó hasta la sala y se quedó de pie al ver la cena que había hecho. Luego volteó a verme arqueando una ceja. —¿Qué es esto, Rosaura? —¡Feliz aniversario, mi amor! —le anuncié con emoción; esperaba que fuera notorio. Pero hubo silencio... Dos segundos... Los dos segundos más largos de mi vida. —Ah... es cierto... —Volvió a mirar hacia la mesa. —No te hubieras molestado. ¿No... me hubiera molestado?... Pero... es nuestro quinto aniversario... Dominic caminó hacia la mesa, y yo, sin hacer más, me dispuse a seguirlo. Se sentó y comenzó a teclear en su celular; se formó un silencio cómodo. Quise ignorarlo sirviendo la comida. —Y... ¿Cómo estuvo tu día? —Pesado. —Contestó, sin dejar de teclear en su teléfono. —Claro... me imagino, tu secretaria me dijo que tuviste una reunión con los inversionistas. Dominic dejó de teclear, alzó la mirada, lenta y calculadora. —¿Ahora me espias? Detuve el movimiento de la cuchara con pollo sobre el aire, respiré hondo y seguí sirviendo su plato. —No, claro que no... —Respondí forzando media sonrisa; tenía que mantener la calma, hoy es mi aniversario, no quiero iniciar otra discusión. —Es solo que te estuve llamando, pero no me respondiste, así que llamé a tu oficina y... —¿Sí? —Dominic levantó el teléfono, ignorándome por completo. —Está bien, voy para allá. —Colgó y se levantó. —Tengo que irme. —¿Ahora? —aún tenía el plato en mi mano. —Sí, tengo mucho trabajo, ¿no te dijo mi secretaria? —respondió con sorna, mientras se ponía su abrigo de vuelta. —¡Dominic, espera! —le grité. Él se detuvo a mitad del umbral; me acerqué a él y lo obligué a verme. —¡Hoy es mi aniversario, Dominic! ¿En serio te vas a ir a mitad de la noche? —Tengo que trabajar, Rosaura. —¿De verdad es trabajo?... Él no me miraba, mantenía la mirada fija en la calle. Yo me apresuré a ponerme entre él y la acera de la casa; le sostuve de los hombros. —Por favor, Dominic... solo esta noche, solo te pido esta noche... Dominic entonces bajó la mirada, y en toda la noche era la primera vez que lo hacía por su propia voluntad. —Lo siento, Rosura, tengo que irme. —Me hizo a un lado sin decir nada más... Oí cómo el motor del auto encendía. —¿Dominic?...—Nunca volví a verla. —Su voz salió más baja esta vez, más distante. —Crecimos juntos. Nuestros padres eran cercanos, así que prácticamente pasábamos todos los días juntos. —Soltó una pequeña risa nostálgica—. Me gustó desde el primer momento en que la conocí. Lo miré con curiosidad. Él continuó: —Estábamos en kínder cuando nuestros padres nos presentaron. Ella se rio de algo absurdo… y yo terminé riéndome solo porque ella lo hacía. No pude evitar sonreír apenas. —Eso suena bastante tierno. —Lo era. —Asintió lentamente—. Pero cuando empezamos la primaria, su familia tuvo que mudarse. Su mirada bajó hacia el vaso entre sus manos. —Antes de irse, me prometí que algún día la buscaría. Hubo un pequeño silencio. Después soltó una risa amarga. —Y cuando finalmente la encontré… ya estaba casada. Mi sonrisa desapareció lentamente; entonces entendí algo: la forma en que hablaba. La tristeza tranquila en sus ojos. Ya no parecía aquel hombre encantador y seguro de sí mismo que
—Yo… Bajé la mirada hacia el vaso entre mis manos. Mi reflejo distorsionado sobre el vidrio me devolvió una imagen lamentable: los ojos rojos, el maquillaje corrido, el cabello desordenado. Y de repente fui consciente de algo horrible: Estaba haciendo el ridículo frente a todos. Seguramente las personas de aquel bar solo querían disfrutar de una noche tranquila… no escuchar a una mujer borracha llorando por su esposo infiel. Sentí la cara arder de vergüenza. Tomé mi bolso rápidamente. —Yo… creo que ya es tarde. Debería irme. —Solté una risa nerviosa—. No quiero molestarlo más. Intenté levantarme del asiento, pero apenas mis piernas tocaron el suelo, todo comenzó a girar violentamente. Mi cuerpo se tambaleó hacia adelante, pero antes de caer, unos brazos firmes me sostuvieron por la cintura. Abrí los ojos sobresaltada, y ahí estaba él, demasiado cerca. —Cuidado… —Murmuró con aquella voz suave y profunda—. Puede lastimarse. Nuestras caras quedaron a centímetros; pude sen
Dominic regresó a la mansión cerca de las tres de la madrugada. El cansancio pesaba sobre sus hombros mientras aflojaba el nudo de la corbata al entrar. La casa estaba en silencio, completamente oscura, salvo por una pequeña luz tenue proveniente del comedor. Frunció ligeramente el ceño; entonces la vio. La mesa seguía puesta, las velas ya consumidas, la comida intacta. El pastel comenzaba a deformarse lentamente por el calor. Dominic permaneció quieto unos segundos observando la escena. Algo incómodo se movió dentro de él. Caminó lentamente hacia la mesa y encontró el reloj de oro todavía dentro de la caja negra. Su regalo de aniversario. Sus dedos rozaron apenas el borde del empaque. Entonces notó otra cosa: Los documentos de divorcio estaban sobre la mesa. Sin firmar, pero abiertos, como si Rosaura los hubiera leído una y otra vez antes de marcharse. La mandíbula de Dominic se tensó ligeramente. Tomó las hojas despacio y observó el espacio vacío donde debía estar la firma d
Me quedé sentada frente al pollo que había preparado para Dominic. Las velas seguían encendidas, el pastel intacto, los cubiertos perfectamente acomodados. Y aun así, la casa se sentía vacía. Bajé lentamente la mirada hacia mis manos. Otra vez... Me había dejado otra vez. Parpadeé varias veces intentando contener esa presión horrible en el pecho. Qué tonta… ¿Por qué seguía sorprendiéndome? Cinco aniversarios, cinco años intentando convencerme de que Dominic solo estaba ocupado. De que era frío por naturaleza. De que algún día volvería a mirarme como antes. Solté una risa baja y amarga; ni siquiera sabía cuándo había empezado a mentirme tanto. Una lágrima descendió lentamente por mi mejilla. La limpié rápido antes de que cayera sobre la mesa. —No llores, Rosaura… —murmuré—. Todavía es tu aniversario. Tomé aire profundamente y forcé una sonrisa que no duró ni dos segundos. El silencio de la casa comenzó a asfixiarme, así que tomé mi teléfono y llamé a Rebecca. Una vez. D
Último capítulo