«Ay, carajo...», maldije internamente.
Me quedé completamente inmóvil en el umbral. Tenía todo bajo control, pero en un segundo de absoluta distracción por lo que estaba escuchando, mis dedos se resbalaron del pomo y empujaron la puerta de golpe, delatándome. Miré a Harry y luego a la mujer que tenía enfrente, sintiendo cómo la adrenalina me disparaba las pulsaciones.
—Eh... buenas tardes —articulé, forzando una pequeña reverencia profesional mientras sostenía con firmeza los papeles desordenad