Mundo ficciónIniciar sesión¿Puede el hombre que controla tu destino convertirse en el dueño de tus suspiros más ocultos? Verónica Fénix, una rebelde joven de veintitrés años, recibe un golpe devastador tras la inesperada muerte de su padre, su inmensa fortuna familiar quedará completamente congelada hasta que cumpla los veinticinco. Su única opción para no perder su legado corporativo es someterse a la estricta tutela legal de Rocco Altamirano, el implacable, frío y peligroso socio de su padre, un imponente magnate diez años mayor que ella y de reputación temible. Determinada a recuperar su libertad, Verónica firma un riguroso contrato de convivencia forzada con la firme promesa de hacerle la vida imposible en su propia mansión y forzar su renuncia definitiva. Sin embargo, el encierro diario desata una tensión indomable donde el desprecio mutuo empieza a transformarse en un deseo posesivo y febril. Aislada en su territorio, Verónica descubrirá que la autoritaria fachada de su guardián esconde secretos oscuros del pasado y un instinto de protección absoluto frente a los enemigos ocultos que acechan el imperio familiar. Atrapados en un peligroso juego de poder y traición, un inesperado análisis médico cambiará las reglas del juego al revelar un embarazo secreto que vincula directamente a la heredera con su captor. Con el tiempo corriendo en su contra y la junta directiva vigilando cada uno de sus movimientos, la línea entre el deber, el odio y una atracción prohibida terminará por romperse irreversiblemente. ¿Podrá Verónica proteger el secreto de su vientre y resistir la intensa seducción de su tutor antes de que las reglas de la sociedad terminen destruyéndolos a ambos?
Leer másEl reflejo del ventanal ya no mostraba a la muchacha impulsiva que siempre había desafiado a Rocco Altamirano. La joven que discutía con él por cualquier cosa había desaparecido hacía mucho tiempo. Frente al cristal había una mujer obligada a crecer demasiado rápido.
Apoyé la mano sobre mi vientre, que comenzaba a redondearse bajo el vestido. Un leve movimiento desde mi interior me arrancó una respiración temblorosa.
Todo había cambiado, mi vida, mi futuro, y, sobre todo... mi relación con el hombre que estaba detrás de mí.
No necesité girarme para reconocer aquellos pasos lentos y seguros.
El inconfundible aroma a sándalo y tabaco de lujo llenó el estudio. Rocco Altamirano.
Durante años había aprendido a detectar su presencia antes incluso de escucharlo hablar. Siempre aparecía igual, impecable, autoritario, convencido de que podía controlar cualquier situación.
Y, por encima de todo, convencido de que debía controlarme a mí.
Por eso nunca dejamos de enfrentarnos, desde que era estudiante discutíamos en las oficinas de mi padre por cualquier decisión.
Él decía que yo actuaba sin pensar, y yo lo acusaba de creerse dueño del mundo.
Cada conversación terminaba convertida en una batalla, cada mirada era un desafío. Ninguno estaba dispuesto a dar un paso atrás.
Sin embargo, debajo de aquella guerra silenciosa existía algo que ninguno de los dos se atrevía a reconocer.
Algo que había comenzado mucho antes del contrato, antes de la muerte de mi padre, antes de aquella inolvidable noche en los viñedos.
—Sigues pensando demasiado. Su voz grave rompió el silencio, respiré hondo antes de girarme lentamente, allí estaba.
El hombre al que había jurado odiar, el mismo que había convertido mi vida en una prisión... y que, contra toda lógica, también se había convertido en el único capaz de sostenerme cuando todo parecía derrumbarse.
Nuestros ojos se encontraron, seguíamos siendo igual de orgullosos, igual de tercos.
Pero entre nosotros ya no solo existía el odio, había secretos, heridas, una verdad que amenazaba con destruir todo cuanto conocíamos.
Rocco dio un paso hacia mí, después otro, hasta quedar a escasos centímetros.
Su mirada descendió lentamente hacia mi vientre, no dijo una sola palabra. Con infinita cautela, acercó su mano, durante un instante pensé en apartarme, no lo hice.
Sus dedos rozaron apenas los míos, un contacto breve, silencioso. Pero suficiente para recordarme que nuestras vidas ya habían quedado unidas para siempre, aunque ninguno de los dos hubiera imaginado un destino semejante.
Levanté la vista y encontré algo que jamás había visto en sus ojos, no era soberbia, ni era frialdad, sino culpa, y una determinación capaz de enfrentar al mundo entero.
—Hay secretos que llevan años enterrados —dijo con una serenidad que me estremeció—. Cuando toda la verdad salga a la luz, comprenderás por qué tu padre tomó aquella decisión... y por qué yo nunca tuve la posibilidad de alejarme de ti.
Sentí que el corazón se detenía por un instante. Durante mucho tiempo creí que Rocco Altamirano era el villano de mi historia.
Nunca imaginé que también escondía cicatrices, ni que ambos estábamos atrapados en un juego que había comenzado mucho antes de que cualquiera de nosotros pudiera elegir.
¿Cómo habíamos llegado hasta ese punto? ¿Cómo era posible que el hombre al que más había odiado terminara siendo la única persona en quien podía confiar?
Para encontrar esa respuesta había que regresar al principio, al día en que mi padre cambió mi destino para siempre, al día en que Rocco Altamirano cerró, por primera vez, la puerta de mi jaula de oro.
¿Visitas a las dos de la mañana? El reglamento de Rocco decía estrictamente que las visitas estaban prohibidas sin autorización previa, una regla que evidentemente solo aplicaba para mí. Movida por la curiosidad y por la firme sospecha de que Rocco ocultaba algo turbio sobre los negocios de mi padre, guardé el análisis médico en el escondite más seguro de mi equipaje, abrí la puerta de mi dormitorio con sumo cuidado y me deslice en puntas de pie por el pasillo en penumbras.Al asomarme con mucho cuidado por la barandilla de la gran escalera central que daba hacia el vestíbulo iluminado, divisé a Rocco de espaldas, hablando con un hombre de aspecto peligroso, vestido completamente de negro y de espaldas a la luz.—El trabajo sobre los viñedos ya está hecho, Altamirano —dijo el misterioso hombre con una voz fría y rasposa, extendiendo una pequeña memoria USB hacia el tutor—. Tenemos los registros originales de la noche de la mascarada benéfica en los viñedos. Nadie sabe que estuviste ah
El tiempo pareció detenerse en la habitación.Los ojos oscuros de Rocco Altamirano estaban fijos en la esquina del sobre médico que sobresalía de manera evidente por debajo del colchón. Sentí que el piso se abría bajo mis pies, la respiración se me cortó por completo y el pulso me martilleó las sienes con una violencia ensordecedora.Si Rocco estiraba la mano un centímetro más y tomaba ese papel, leería la palabra POSITIVO junto al conteo de seis semanas de gestación. Sabría que la noche de la mascarada en los viñedos de no había sido un encuentro con un desconocido, sino conmigo. Y lo peor de todo, sabría que llevaba a su hijo en el vientre. La mano grande y curtida de Rocco comenzó a descender hacia el borde de la cama, impulsada por su implacable instinto de control. Comprendí, en una fracción de segundo, que ninguna mentira verbal me salvaría esta vez.Necesitaba una distracción física masiva, inmediata y creíble. Aprovechando el mareo real que el pánico y las náuseas me estaban p
No esperé un segundo más. Tomé mis maletas y salí del estudio a toda prisa, subiendo las escaleras con el corazón latiéndome desbocadamente. Encontré la habitación asignada, era un dormitorio enorme y lujoso, decorado en tonos grises y crema, pero se sentía tan frío como una celda de máxima seguridad. Cerré la puerta con seguro, dejé las maletas a un lado y me dejé caer de rodillas sobre la alfombra, exhausta.La adrenalina de la discusión comenzó a disiparse, dando paso a un cansancio extremo y a una nueva y violenta ola de náuseas. Corrí hacia el baño privado de la habitación y me sostuve del inodoro, descargando el estómago mientras las lágrimas de impotencia finalmente rodaban por sus mejillas. Minutos después, me senté en el suelo del baño, apoyando la espalda contra la cerámica fría.Abrí mi bolso de mano, extraje el sobre con la prueba de embarazo y volví a mirar el resultado positivo. Me llevé una mano temblorosa al vientre, aún plano. ¿Cómo iba a ocultar esto durante dos años
—Prefiero dormir en la calle antes de firmar esa basura de contrato —le respondí con los dientes apretados.—Si no firmas, te quedas en la calle, pero sin un solo centavo de tu padre y perdiendo su imperio para siempre. ¿Vas a rendirte como una cobarde en el primer segundo? —Rocco sacó una elegante pluma negra de su bolsillo y me la extendió, con los ojos brillando con una luz peligrosa.—Firma, Verónica, demuéstrame que tienes las agallas para sobrevivir a mis reglas durante dos años. Lo miré con un odio ardiente. Mi mente trabajaba a mil por hora. Dos años eran una eternidad, pero no iba a regalarle el esfuerzo de la vida de mi padre a ese tirano corporativo. Le haría la vida imposible en su propia casa.Desafiaría cada una de sus órdenes, rompería su paciencia de roca y lo arrastraría al mismísimo infierno hasta que él mismo suplicara romper la tutela ante el juez. Con un movimiento brusco, le arrebaté la pluma de los dedos. El contacto de nuestras pieles provocó una intensa descar
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