—¿Dominic?...
—¡Rosaura!
Volteé a verlo de golpe. Él dio un paso hacia mí, me examinó de arriba abajo con una mirada intensa, deteniéndose en mi vestido brillante y en la forma en que sostenía la barbilla en alto.
Me quedé helada en mi sitio; sentí como mis pies se hubieran clavado al mármol del vestíbulo y mi cuerpo simplemente ya no respondía a mis órdenes. Dominic acortó la distancia entre nosotros a pasos firmes. Se detuvo a escasos centímetros y me miró de pies a cabeza. En sus ojos o