La venganza de mi ex.
La venganza de mi ex.
Por: Natacha
Capítulo 1

—¿Crees que a Dominic le gustará este reloj para nuestro aniversario?

Rebecca soltó una risa incrédula. —Rosaura, llevas cinco años intentando que ese hombre te mire como antes.

Fruncí el ceño. —Dominic solo está ocupado.

—Claro —murmuró ella—. Tan ocupado que olvidó tu cumpleaños el año pasado.

Bajé la mirada hacia el reloj de oro entre mis manos. —Este año será diferente.

Rebecca suspiró, claramente cansada de discutir conmigo. —Como quieras, hermanita.

—Disculpen, señoras, ¿les gusta este reloj?

—¡Sí! Por supuesto, quisiera empacarlo para llevarlo.

—Perfecto, permítame empacarlo; por favor, pase por caja para culminar con los detalles.

Asentí y me dirigí a la caja, donde pagamos y salimos apresuradas por deseos de Rebecca.

—¡Por fin! —Rebeca estiró los brazos—. Me estaba muriendo de aburrimiento ahí dentro.

Solté una risa pequeña. —Bueno, ¿quieres comer algo?

Rebeca miró por quinta vez su teléfono: —No, no, tengo una cita importante.

Fruncí el ceño divertida: —Uyyyy, una cita, ¿he? A ver quién es el afortunado. Quise asomarme, pero Rebeca reaccionó rápido.

—No empieces. —Guardó el teléfono demasiado rápido dentro del bolso.

—Hmm, eso suena demasiado sospechoso. —Insistí en molestarla.

—Ya, ya, ¿podemos irnos?

Me burlé de ella. —Como digas, ya no te detengo más. —Le tendí un abrazo grande: —Cuídate mucho, ¿ok?

—Sí, sí, como digas. —Me dio unas palmaditas en la espalda.

La solté y ella se marchó; me quedé unos segundos mirándola de espaldas hasta que desapareció entre la multitud. Luego me di vuelta y tomé un taxi hacia la mansión Collins.

Al llegar, no quise perder más el tiempo en otras cosas que no fueran preparar la cena perfecta para mi quinto aniversario con mi esposo. Me puse manos a la obra y comencé con la comida, un pastel de un piso, pero me esmeré en que estuviera perfectamente decorado.

También preparé un pollo entero al horno con romero y papas; era su comida favorita. Por último, preparé la mesa, puse velas sobre un decorador en el centro de la mesa, sobre un mantel blanco; me esforcé por organizar cada plato, cada cubierto de una forma que solo a Dominic le gustaba.

Al terminar, me alejé unos cuantos pasos para observar la escena; era perfecta. Solté una sonrisa de la emoción y, claro, jamás podía ignorar el hecho de que estos cinco años a su lado fueron los mejores de mi vida. No fueron fáciles, claro está, debido a la dura personalidad de Dominic, pero él ha sido un excelente esposo, muy devoto y entregado a su trabajo; quería recompensarlo con esta grandiosa cena.

Miré el reloj en la pared. —¡Es tardísimo! —me dije, corriendo a la habitación matrimonial.

Me duché y me puse el vestido negro que se ajustaba a mi cintura, nada extravagante; él odiaba lo exagerado. Me peiné el cabello y, por último, tomé el labial rojo y lo pasé sobre mis labios; me quedé un segundo pensando. —No, no, es demasiado llamativo. Lo quité con una toallita y probé con otro tono más suave. —Este tampoco es muy pálido; lo voy a espantar. —Probé con un tono más marrón. —Mucho mejor.

Sonreí para el espejo y di media vuelta para ver cómo me quedaba el vestido; era perfecto, ¡a él le encantará!

De repente oí la puerta de la casa abrirse y cerrarse de golpe; mi corazón dio un vuelco y me estiré la parte baja del vestido y me dispuse a salir rápido de la habitación. Bajé por las escaleras y ahí estaba, elegante y ocupado como siempre.

—No, no, no quiero que firmes nada hasta que yo mismo haya leído los contratos; no quiero que cometan el mismo error que el año pasado. —Reclamó por teléfono, colgó y aflojó el nudo de la corbata, soltando un suspiro de cansancio.

Luego volteó a verme. Su expresión se endureció apenas nuestros ojos se encontraron. Mis dedos se aferraron inconscientemente a la tela del vestido, me sentí ridícula por haberme arreglado tanto.

—¡Cariño!... Llegas tarde. —Lo saludé con un tono suave, acercándome a él con cuidado.

—Hubo mucho tráfico. —Respuesta fría, neutral, como si estuviera hablando con uno de sus empleados.

Me acerqué para darle un beso en la mejilla, pero él se apartó y comenzó a caminar dándome la espalda. Me quedé tiesa, pero rápidamente me recompuse. Tuvo un mal día, sí, es normal que lo tenga... me dije.

Dominci llegó hasta la sala y se quedó de pie al ver la cena que había hecho. Luego volteó a verme arqueando una ceja.

—¿Qué es esto, Rosaura?

—¡Feliz aniversario, mi amor! —le anuncié con emoción; esperaba que fuera notorio.

Pero hubo silencio...

Dos segundos...

Los dos segundos más largos de mi vida.

—Ah... es cierto... —Volvió a mirar hacia la mesa. —No te hubieras molestado.

¿No... me hubiera molestado?... Pero... es nuestro quinto aniversario...

Dominic caminó hacia la mesa, y yo, sin hacer más, me dispuse a seguirlo. Se sentó y comenzó a teclear en su celular; se formó un silencio cómodo. Quise ignorarlo sirviendo la comida.

—Y... ¿Cómo estuvo tu día?

—Pesado. —Contestó, sin dejar de teclear en su teléfono.

—Claro... me imagino, tu secretaria me dijo que tuviste una reunión con los inversionistas.

Dominic dejó de teclear, alzó la mirada, lenta y calculadora. —¿Ahora me espias?

Detuve el movimiento de la cuchara con pollo sobre el aire, respiré hondo y seguí sirviendo su plato.

—No, claro que no... —Respondí forzando media sonrisa; tenía que mantener la calma, hoy es mi aniversario, no quiero iniciar otra discusión. —Es solo que te estuve llamando, pero no me respondiste, así que llamé a tu oficina y...

—¿Sí? —Dominic levantó el teléfono, ignorándome por completo.

—Está bien, voy para allá. —Colgó y se levantó. —Tengo que irme.

—¿Ahora? —aún tenía el plato en mi mano.

—Sí, tengo mucho trabajo, ¿no te dijo mi secretaria? —respondió con sorna, mientras se ponía su abrigo de vuelta.

—¡Dominic, espera! —le grité. Él se detuvo a mitad del umbral; me acerqué a él y lo obligué a verme. —¡Hoy es mi aniversario, Dominic! ¿En serio te vas a ir a mitad de la noche?

—Tengo que trabajar, Rosaura.

—¿De verdad es trabajo?...

Él no me miraba, mantenía la mirada fija en la calle. Yo me apresuré a ponerme entre él y la acera de la casa; le sostuve de los hombros.

—Por favor, Dominic... solo esta noche, solo te pido esta noche...

Dominic entonces bajó la mirada, y en toda la noche era la primera vez que lo hacía por su propia voluntad. —Lo siento, Rosura, tengo que irme. —Me hizo a un lado sin decir nada más... Oí cómo el motor del auto encendía.

—¿Dominic?...

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP