Comenzamos a comer; de mi parte solo oía a los demás hablar, permanecía completamente tranquila y callada, balanceando el tenedor, mientras que mi padre hablaba, bebía vino y se reía plácidamente con Dominic. Claramente, Dominic era el hijo varón que él siempre había querido; su favorito, el reflejo de sus propias ambiciones.
Al sentirme completamente invisible en esa mesa, dejé de prestarles atención. Mi mente comenzó a divagar y, sin poder evitarlo, viajó directo a esa noche en el hotel con