Mundo de ficçãoIniciar sessão"Cuatro maridos muertos. Un contrato firmado con sangre. Y un destino que nadie ha logrado sobrevivir." En los salones dorados de Nueva York, el nombre de Diamond Valentine se pronuncia en susurros. La llaman la "Viuda Negra". Dicen que su belleza es un veneno y que sus pretendientes terminan bajo tierra antes de llegar al altar. Pero nadie conoce la verdad: Diamond es el diamante más preciado —y prisionero— de su hermano, el psicópata Killian Valentine, quien elimina a cualquier hombre que ose tocar lo que él considera "suyo". Un escape desesperado hacia el frío. Para huir del infierno de su familia, Diamond acepta un matrimonio por contrato con el hombre más letal de Transilvania: el Capitán Ridell North. Un gigante de hielo que la desprecia y que solo busca usarla como escudo político. Ridell no cree en maldiciones, pero cree aún menos en las mujeres "delicadas" que vienen de la ciudad. El Gigante de Hielo vs. La Mujer de Porcelana. Ridell está decidido a humillarla. La abandona en una mansión hostil, permite que su amante la pisotee y la condena a vivir como un fantasma. Lo que él no sabe es que Diamond no es la muñeca rota que aparenta. Mientras él intenta doblegar su voluntad, ella está vendiendo sus joyas en el mercado negro, planeando su fuga y esperando que el reloj marque el final de sus seis meses de contrato. ¿Sobrevivirá el Capitán a la maldición? Cuando el deseo estalle entre el desprecio y la sumisión, Ridell descubrirá que su esposa es mucho más peligrosa de lo que imaginaba. No porque sea una asesina, sino porque es la única mujer capaz de hacer que su corazón de hielo se derrita… justo antes de que Killian venga a reclamar su propiedad.
Ler maisVanessa cuadró los hombros y respiró profundo antes de tocar la puerta del despacho de Adriano.
Le había costado mucho tomar valor para ir a verlo, pero estaba en un punto donde las medidas desesperadas ya no lo parecían tanto.
—Adelante —indicó Adriano.
Él ya la estaba esperando porque su secretaria la había anunciado antes de dejarla pasar. Era una suerte que él la estuviera recibiendo incluso sin una cita previa. No eran tan cercanos después de todo, apenas y habían cruzado unas cuantas palabras en las contadas ocasiones en las que se habían encontrado.
Abrió la puerta y entró con paso firme. Ocultó su nerviosismo detrás de una sonrisa despreocupada. Era buena fingiendo después de tantos años haciéndolo.
Adriano se levantó de su sillón de oficina apenas la vio y rodeó su escritorio para acercarse a ella.
—Vanessa, es un placer verte —dijo él con una sonrisa de cortesía que apenas y llegó a sus ojos—. ¿Qué te trae por aquí? —preguntó.
Adriano era un hombre atractivo, de eso no había duda. Con sus cabellos negros al igual que sus ojos, la piel bronceada y los músculos tonificados, que incluso podía notarlos detrás de su traje de oficina, resaltaba sin importar a donde fuera. Pero para Vanessa era alguien intimidante y era ese el motivo por el cual se había mantenido lejos de él en los casi dos años que lo conocía… hasta ese momento.
Se encontraba entre la espada y la pared, y acudir a Adriano era su manera de buscar una salida. Si no fuera así, habría continuado alejada de él, en especial porque él no era el tipo del hombre con el que solía relacionarse.
Solo esperaba que él no la mirara como una loca cuando le dijera porque estaba allí. Ella misma ya pensaba que había perdido la cordura, pero ni eso la iba a detener de continuar.
Ridell North se quedó clavado en la tierra batida, viendo cómo la figura delgada de su esposa desaparecía tras los setos del jardín. Sus puños seguían cerrados a los costados, los nudillos blancos por la presión.La frase de Mark todavía resonaba en el aire caliente, cargada de una insolencia que, de haber venido de cualquier otro hombre, habría resultado en una mandíbula rota.«Si el esposo no la cuida, tal vez alguien más debería hacerlo».Ridell soltó el aire por la nariz, un bufido de toro furioso. Se giró hacia Mark, que ya estaba de espaldas, ordenando a los hombres volver a la formación.—Mark —llamó Ridell. Su voz fue baja, pero cortó el ruido del entrenamiento como una hoja de afeitar.El subcapitán se detuvo y giró sobre sus talones. La sonrisa de lobo seguía ahí, desafiante.—¿Sí, Capitán?Ridell acortó la distancia entre ambos en dos zancadas largas. Quedaron frente a frente, dos montañas de músculo y testosterona.—No vuelvas a insinuar algo así —advirtió Ridell, bajando
La llegada de Diamond fue recibida con el mismo silencio hostil que precedería a una ejecución.La docena de soldados detuvo su entrenamiento, y todas las miradas se clavaron en ella con desprecio. Sin embargo, una presencia los eclipsaba a todos.Ridell North se acercó a grandes zancadas. Sin camisa, imponente y visiblemente irritado.El sudor brillaba en su piel bronceada, y sus músculos se tensaron cuando se detuvo frente a ella, invadiendo su espacio personal sin ningún reparo.—¿Qué demonios haces aquí, Diamond? —gruñó, su voz cargada de esa impaciencia que siempre reservaba para ella—. ¿Acaso no fui lo suficientemente claro hace unos días? Dije que no quería verte merodeando.Diamond sintió el impulso de retroceder, de protegerse de esa energía masculina avasalladora, pero sus pies se anclaron al suelo.Alzó la barbilla y, contra todo instinto de supervivencia, le dedicó una sonrisa. Brillante, dócil, perfecta.La sonrisa de una esposa devota que ignora que es odiada.—Lo sé, Ca
El mundo de los sueños de Diamond se hizo añicos con un impacto brutal y helado.No hubo transición.En un segundo estaba dormida y al siguiente boqueaba buscando aire, con el cuerpo convulsionando por el choque térmico.Un balde entero de agua helada la había empapado de pies a cabeza, calando las sábanas de seda y su camisón hasta pegarlo a su piel como una segunda capa congelada.Una risa áspera, como de hiena, llenó la habitación.—¡Arriba, bella durmiente! —cacareó Nana Rona, dejando caer el balde metálico al suelo con un estruendo innecesario—. El día ya comenzó y aquí no mantenemos parásitos holgazanes.Diamond se apartó el cabello mojado de la cara, temblando violentamente.La furia estalló en su pecho, caliente y letal.Quería saltar sobre la anciana, quería romperle esa sonrisa torcida..."Una semana", se recordó a sí misma, clavando las uñas en las palmas de sus manos bajo las sábanas mojadas."Solo falta una semana para el pasaporte. No lo arruines ahora".En lugar de atac
El silencio en la mansión North era sepulcral.Mientras Ridell seguía en el hospital acompañando a la "frágil" Sienna, Diamond se encontraba en su habitación, moviéndose con una eficiencia que habría aterrorizado a cualquiera que conociera solo su faceta de niña tonta.Sacó el collar que Killian le había enviado. La gema ámbar brillaba con una luz malévola bajo la lámpara.—¿Crees que puedes marcarme como a ganado, hermano? —murmuró Diamond, acariciando la joya con una sonrisa fría—. Veamos cuánto vale tu obsesión en el mercado negro,Jamás se lo pondría. Con manos rápidas, sacó su teléfono desechable.No perdió tiempo admirando la joya; para ella solo era un boleto de salida.Tomó las fotos necesarias y las subió a la subasta encriptada bajo el usuario "BlackWidow".[VENDIDO. $150,000 USD transferidos a la cuenta segura.]Casi de inmediato, un mensaje encriptado apareció en la pantalla: >> "El pago ha sido recibido. Tus nuevos documentos de identidad (pasaporte italiano, licencia de
La cabalgata continuó hacia lo profundo del bosque. Diamond sentía la presión del pecho de Ridell contra sus hombros, un calor que la quemaba a través de la tela del traje.Cada vez que el caballo trotaba, su cuerpo golpeaba contra el de él, recordándole que, en ese momento, no tenía escape de su control.Sin embargo, poco a poco, el entorno empezó a ganar la batalla por su atención.Diamond olvidó por un instante quién estaba tras ella. Se concentró en el paisaje; era salvaje, vasto y de un verde tan profundo que parecía irreal.Los sirvientes tenían razón: ella no conocía este estilo de vida.Su existencia en Nueva York había girado en torno a rascacielos de cristal y hombres frenéticos en autos de lujo que manejaban como animales.Como "flor de la sociedad", nunca tuvo derecho a una vida tranquila. Todo allí era deslumbrante ante sus ojos."Aquí es donde quiero esconderme", pensó con un anhelo punzante. "En la inmensidad de estos árboles nadie me encontraría jamás".Pero la paz fue
A la mañana siguiente, un pequeño paquete esperaba sobre el tocador de Diamond.Al abrirlo, el estómago se le revolvió.Era un collar de oro con una gema ámbar, del mismo color exacto que los ojos de Killian. La nota, escrita con una caligrafía elegante y posesiva que ella conocía demasiado bien, decía:“Para que nunca olvides quién te ama con su corazón. Úsalo siempre”.—Enfermo —susurró Diamond, sintiendo un escalofrío de asco que le recorrió la espina dorsal.Sin embargo, su mente calculadora no tardó en actuar.Ignorando el valor sentimental que su hermano pretendía imponer, buscó en internet el valor de la pieza. Era una gema rara, valorada en decenas de miles de dólares."Gracias por el fondo de escape, hermano", pensó con una sonrisa amarga.Diamond ya tenía experiencia vendiendo los "regalos" de su familia en subastas clandestinas bajo identidades falsas.Cada joya de Killian no era un símbolo de amor, sino un ladrillo en el muro que la separaría de los Valentine para siempre.





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