—Lo siento, señorita Diamond. Sé que esto no es caballeroso de mi parte, y hasta podría decirse que es una falta de respeto hacia usted... pero me temo que no puedo seguir adelante con esto. He decidido romper nuestro compromiso.Diamond observó al hombre frente a ella, el joven Smith. El pobre tipo estaba sudando tanto que el cuello de su camisa parecía a punto de asfixiarlo.Por fuera, Diamond le regaló una pequeña sonrisa trémula, la imagen misma de la fragilidad herida, esa que hacía que los hombres quisieran protegerla antes de huir de ella.Pero por dentro, la frustración le quemaba la garganta como ácido.Sus manos, ocultas bajo el mantel de lino del restaurante más caro de Nueva York, se apretaron hasta que sus uñas se clavaron en sus palmas, buscando un dolor físico que distrajera su rabia.«No de nuevo», pensó con un cinismo gélido. «No, otra vez este patético desfile de cobardes».—Eso es una completa falta de palabra, señor Smith.La voz de Arthur Valentine, su padre, reso
Leer más