La llegada de Diamond fue recibida con el mismo silencio hostil que precedería a una ejecución.
La docena de soldados detuvo su entrenamiento, y todas las miradas se clavaron en ella con desprecio. Sin embargo, una presencia los eclipsaba a todos.
Ridell North se acercó a grandes zancadas. Sin camisa, imponente y visiblemente irritado.
El sudor brillaba en su piel bronceada, y sus músculos se tensaron cuando se detuvo frente a ella, invadiendo su espacio personal sin ningún reparo.
—¿Qué demoni