Killian Valentine dio un paso atrás, rompiendo la asfixiante burbuja de tensión que se había formado entre él y Ridell.
Sus ojos avellana brillaron con una astucia gélida mientras observaba el lenguaje corporal de la pareja.
Con una elegancia que Diamond conocía como el preludio de un ataque, Killian se ajustó los puños de la camisa y forzó una expresión de cortesía distante.
—Veo que los ánimos están algo caldeados —dijo Killian con una voz aterciopelada que no llegaba a ocultar su veneno—. No