El comedor de la mansión North se había transformado en un escenario de pesadilla.
Diamond sentía que el oxígeno desaparecía de sus pulmones, mientras el sabor metálico del beso forzado de Killian aún quemaba en sus labios.
El silencio que siguió al acto fue roto por la risa cristalina y ponzoñosa de Sienna, quien permanecía en el umbral junto a una Celine petrificada.
—Vaya, Diamond —dijo Sienna, con una sonrisa que destilaba un triunfo absoluto—. Siempre supimos que tu devoción por tu "famili