Mundo ficciónIniciar sesiónEva vivió su vida entre rechazos y fracasos. Cuando la persona que más odiaba alcanzó sus sueños, y la humillación estuvo a punto de destruirla por completo, algo dentro de ella cambió. Decidió renacer. Si para lograrlo necesita descaro, ambición… y a Andrew Palvin, entonces eso tomará. Porque si él es la pieza que falta para cumplir sus sueños, Eva hará lo que sea necesario. Incluso robárselo a quien jamás lo mereció.
Leer másLa emoción no dura intacta mucho tiempo.Apenas se asienta, llega el peso.La audición no es una más. No es un “tal vez”. No es una puerta pequeña. Es de esas oportunidades que te colocan en una línea clara: o entras, o te quedas mirando cómo otros lo hacen.Paso la mañana leyendo el guion con una concentración que no recordaba. Apago el teléfono. Dejo el café enfriarse. Subrayo con lápiz, escribo notas al margen, tacho frases que no me pertenecen todavía. No actúo. Analizo. Entiendo. Desarmo.Rubi se mueve por el departamento con una energía distinta. No está nerviosa por mí; está alerta por el contexto. Hace llamadas, pide información, revisa nombres. Me observa como si yo fuera un proyecto serio, no una ilusión.—No quiero que improvises nada —dice desde la cocina—. Quieren verte pensar.—Lo sé.—Y no quiero que llegues cansada.—Lo sé.—Y no quiero que te cruces con nadie que no tengas que cruzarte.Me detengo y la miro.—No puedo esconderme.—No te estoy pidiendo que te escondas
EvaMe despierto antes de que suene la alarma.No porque esté nerviosa, ni porque tenga un rodaje temprano. Me despierto porque ya me acostumbré a abrir los ojos así: tranquila, sin sobresaltos, sin esa sensación de urgencia que antes me apretaba el pecho cada mañana.La luz entra por las ventanas grandes del apartamento. Todavía me parece extraño decirlo sin ironía: mi apartamento. No es enorme ni ostentoso, pero es luminoso, silencioso, y está en un barrio donde nadie grita por las noches ni golpea paredes ajenas.Me quedo unos segundos mirando el techo, respirando hondo.La vida no es perfecta, pero es mía.—Eva —dice Rubi desde la cocina—. No te muevas.Eso, por supuesto, significa que debo moverme.Me incorporo justo cuando ella aparece en el marco de la puerta con la tablet en la mano y una expresión que conozco bien: esa mezcla de curiosidad genuina y ganas de molestar.—¿Qué hiciste ahora? —pregunto, apoyándome en los codos.—Nada —responde demasiado rápido—. Técnicamente, tú
Un año despuésNo hay nada especial en el día en que me doy cuenta de que pasó un año.No hay fecha marcada.No hay aniversario.No hay recuerdo exacto.Me doy cuenta porque ya no reviso el teléfono esperando un mensaje que no va a llegar.Porque el nombre de Andrew Palvin dejó de ser una herida diaria y pasó a ser un dato más.Porque la vida siguió sin preguntarme si estaba lista.Estoy sentada frente al espejo del camerino, con una bata gris sobre la ropa, el guion doblado en la silla de al lado y un café frío que olvidé terminar. Afuera, alguien da indicaciones. Hay pasos, voces, movimiento.Un set real.Mi set.No es una superproducción. No hay alfombras rojas ni fotógrafos escondidos. Pero hay cámaras, hay luces, hay un equipo que me llama por mi nombre sin titubear.—Eva, cinco minutos.Asiento sin levantar la vista.Mi reflejo no es el de hace un año. No porque ahora sea distinta físicamente, sino porque ya no busco nada en la cara que me devuelva seguridad. No ensayo sonrisas.
EvaAndrew no me suelta hasta que la puerta de su oficina se cierra detrás de nosotros con un sonido seco, definitivo. El mundo queda afuera: teléfonos, asistentes, ejecutivos, rumores. Aquí solo estamos él y yo, y el peso de todo lo que no dijimos.Camina directo a su escritorio sin mirarme. Abre un cajón amplio, de madera oscura, y saca tres guiones. Los coloca frente a mí con una precisión casi quirúrgica, alineados, como si fueran cartas en una mesa de póker.—La mujer que se ganó el corazón de Andrew Palvin —dice al fin, sin teatralidad— tendrá todo lo que siempre soñó.No sonríe. No presume. No intenta convencerme de nada. Y por eso mismo, la frase me golpea más fuerte.—Elige uno —continúa—. Me aseguraré de que se convierta en una película. Y de que tú seas la protagonista.Siento que el aire se me va de los pulmones.—¿Qué…? —mi voz sale pequeña—. Andrew, yo no…Me mira por primera vez desde que entramos. Sus ojos no están brillantes ni dulces. Están serios. Cansados y Resuelt
EvaAndrew entra sin tocar, como si esa puerta le perteneciera. Como si yo fuera otra cosa dentro de su mundo, un objeto mal colocado que puede mover cuando se le antoje.Levanto la mirada y lo primero que noto no es su traje caro ni su postura impecable.Es su cara.Está pálido. Tenso. La mandíbula apretada. Los ojos duros, como si hubiera tomado una decisión que le duele, pero igual la va a ejecutar.No digo nada.No porque no tenga qué decir, sino porque mi cuerpo ya sabe que esto viene con un costo. Y a estas alturas, mi instinto siempre acierta: cada vez que Andrew Palvin aparece de la nada, alguien termina destruido.Hoy, la destruida voy a ser yo.—¿Qué fue eso? —me suelta sin saludo—. ¿Qué demonios crees que estabas haciendo?Su voz me golpea como una bofetada.Trago saliva. Mantengo el mentón firme. No voy a bajar la cabeza. No hoy.—¿A qué te refieres? —pregunto, aunque sé exactamente a qué se refiere.Él se ríe, pero no hay humor.—No juegues conmigo, Eva —dice, y da un pas
Andrew—El bebé está bien.La frase tarda un segundo en entrar en mí. No porque no la entienda, sino porque mi cuerpo no sabe cómo reaccionar. Durante horas —o quizás solo minutos, pero se sintieron como una vida entera— me preparé para escuchar cualquier otra cosa. Algo irreversible. Algo que confirmara que crucé una línea sin retorno.Siento el aire regresar a mis pulmones de golpe, como si hubiera estado conteniendo la respiración sin darme cuenta. Pero el alivio no llega solo. Viene acompañado de algo más pesado, más oscuro.Culpa.Asiento sin decir nada. Mis manos están frías. El anillo en mi dedo se siente extraño, ajeno, como si no me perteneciera.—Su esposa necesita reposo absoluto —continúa el médico—. El estrés fue un detonante claro. No puede volver a pasar algo así.No volverá a pasar.La frase se repite en mi cabeza mientras camino por el pasillo del hospital. Las luces blancas son demasiado intensas, el suelo demasiado brillante, todo demasiado limpio para el caos que l
Último capítulo