Rubi
El sonido fue lo primero.
Un pitido constante, insoportable, que parecía estar dentro de mi cabeza más que en la habitación.
Abrí los ojos de golpe y lo primero que vi fue un techo blanco iluminado por una luz artificial demasiado intensa. El aire olía a desinfectante, a limpieza fría, a hospital. Intenté incorporarme y el mundo se inclinó como si el suelo no estuviera firme; algo tiró de mi brazo y al bajar la mirada descubrí la vía intravenosa conectada a mi muñeca.
Entonces todo regresó