Llego a mi casa con el corazón a mil, sin poder creer lo que acaba de pasar.
Entro intentando no hacer ruido, pero Rubí ya está en la sala esperándome.
Justo lo que quería evitar.
Tiene una sonrisa en la cara que me da muy mala espina.
Intento ignorarla e irme a mi habitación, pero ella tose, obligándome a detenerme.
Me mira y me señala el sofá.
—Tengo mucho sueño, hablamos mañana, ¿sí? —intento zafarme.
—¿Te acostaste con él?
—¡Claro que no! No soy una zorra.
—¿Entonces qué pasó? No me digas que te paralizaste otra vez y no hiciste nada —se levanta y se acerca para examinarme.
Muerdo mi labio. Rubí tiene solo 16… no sé si esta es la imagen que quiero darle.
—¡Te acostaste con él! No me mientas, mira la marca en tu cuello —intenta tocarme.
—¿Qué marca?
Corro a encender la luz y me veo en el espejo:
una marca roja, cerca de la clavícula.
¿Estuve en el bus con esto?
Con razón todos me miraban…
—No me acosté con él —logro decir, avergonzada.
—Si eso no es acostarse, ¿qué hicieron?
—Solo nos besamos, ¿sí? Un beso y ya.
—Eso no se ve como “un beso y ya”.
—Y tú te ves como si lo estuvieras disfrutando demasiado —la empujo suavemente hacia su cuarto—. Duérmete, mañana tienes escuela.
Se deja caer en la cama.
—Hiciste bien —murmura—. No pasa nada en ser mala de vez en cuando. Ella siempre lo ha sido contigo. Y tú te mereces más. Te mereces a un hombre como Andrew.
—¿Un hombre que engaña a su novia de dos años con su enemiga? —me apoyó en la puerta.
—Un hombre que puede ponerte en la cima, Eva. Es fácil: solo no te enamores. Solo atrápalo. Sé que puedes.
¿Puedo?
Hace tanto tiempo dejé de ser “una mujer”
y me convertí en la hermana mayor y la empleada.
Aunque Andrew se sintiera tentado por un segundo, eso no significa que yo pueda reemplazar a Hellen.
No significa que pueda ser… como ella.
Cuando cierro su puerta y me intento dormir, lo único que puedo pensar es en él.
En que me besó.
En que Andrew Palvin estaba tocándome.
Sus labios en mi piel.
Su marca todavía ardiendo en mi clavícula.
Maldita sea.
Me besé con un hombre comprometido.
Bueno… casi comprometido.
Mi estómago se revuelve.
¿Eso me hace una zorra?
Probablemente sí.
Pero ella tampoco es un ángel.
Y no lo hice por venganza. No había un plan.
Solo quería una conexión con alguien del medio. Una oportunidad. Un casting.
Una puerta abierta.
Pero… ¿por qué solo yo tengo que seguir el camino “correcto”?
¿Por qué la que realmente lo necesita debe ser la única moralmente impecable?
Todo el mundo toma atajos.
Mi pecho se llena de algo confuso… una neblina.
No sé en qué me estoy metiendo, pero no puedo parar.
No quiero parar.
Si existe una mínima posibilidad de que Andrew sea mi atajo al éxito…
⸻
Son las 5 de la mañana y estoy en el auto de la empresa, esperando a Hellen frente a su lujoso edificio.
Obviamente pagado por el novio millonario al que besé anoche.
Mis ojeras son evidentes; no dormí nada.
Me siento culpable… aunque no sé exactamente por qué.
Hellen entra medio dormida, envuelta en su manta.
—Se supone que soy personaje secundario… ¿por qué m****a siempre me hacen madrugar? —gruñe.
No respondo. Solo enciendo el auto.
—¿No volviste anoche? ¿La cita salió bien? —abre los ojos, esperando respuesta.
—Sí, todo salió bien… perdón por no volver. Surgió una emergencia.
Ella ríe con ironía.
—Sí, me imagino qué “emergencia”. Que no vuelva a pasar. Sé que todos tenemos deseos, pero no pueden interferir en el trabajo.
Aprieto el volante.
La primera vez en meses que salgo temprano… y aún así tiene comentarios.
Cuando solo filma dos horas, yo trabajo trece.
Cuando ella descansa, yo sigo en la agencia.
Yo nunca descanso.
⸻
El día comienza:
Café para ella, para el staff entero. Por orden de Hellen, para caer bien, porque todos están hartos de sus retrasos, de que no aprenda líneas y que arruine escenas.
Si fuera yo…
Este papel lo dominaría en un minuto.
Pero yo traigo café.
Cargo cosas.
Soy la sombra detrás del brillo.
La ayudo a practicar. Cada vez que le muestro cómo se hace, ella me recuerda que es la actriz y yo la asistente.
Horas en el camerino, escuchando sus historias sobre su perfecto novio Andrew.
Nunca se queda sin historias.
Si supiera lo de anoche se volvería loca.
Y no tengo intención de que se entere.
⸻
La grabación termina a las 6. Por fin podré llegar a casa temprano.
Estoy sola en el camerino mientras ella graba una escena.
Me miro en el espejo.
Mi cabello recogido se ve desordenado.
No tuve tiempo de maquillarme.
Mi ropa… apenas presentable.
Entonces, en el reflejo, veo algo.
Una sombra entrando por la puerta.
Brinco del susto.
Andrew.
Maldita sea.
Cierra la puerta detrás de él.
Pone seguro.
Se apoya en la puerta y cruza los brazos.
Me mira, serio.
Suelto un suspiro que estoy segura escuchó.
Mi corazón late tan rápido que parece absurdo.
No es mariposas ni romanticismo.
Es otra cosa.
Es el latido de una presa acorralada.
Acechada por su depredador.
Encerrada en un camerino pequeño.
Sin escapatoria.