Llego a mi casa con el corazón a mil, sin poder creer lo que acaba de pasar.
Entro intentando no hacer ruido, pero Rubí ya está en la sala esperándome.
Justo lo que quería evitar.
Tiene una sonrisa en la cara que me da muy mala espina.
Intento ignorarla e irme a mi habitación, pero ella tose, obligándome a detenerme.
Me mira y me señala el sofá.
—Tengo mucho sueño, hablamos mañana, ¿sí? —intento zafarme.
—¿Te acostaste con él?
—¡Claro que no! No soy una zorra.
—¿Entonces qué pasó? No me digas q