Él sonríe de lado.
¿Por qué mierda siempre parece que está ganando?
Como si todo estuviera saliendo exactamente como él quiere.
—¿Qué te hace pensar que me interesa? —dice con una calma tan peligrosa que casi parece un susurro, mientras apoya la cabeza en su brazo derecho.
—¿Acaso no vale la pena intentarlo?
Él vuelve a sonreír.
—Es una oferta tentadora, pero no voy a engañar a mi mujer contigo. Hellen es permisiva, pero no sé si lo sabes… te detesta.
—Lo sé. Me lo recuerda todos los días.
—Ent