Andrew
El monitor mide el tiempo con una precisión cruel, más exacta que cualquier reloj en la pared. Cada pitido atraviesa el silencio del cuarto y me recuerda que sigue aquí, que su corazón no ha dejado de luchar. Y, aun así, sus ojos permanecen cerrados.
Han pasado días. O semanas. El hospital tiene una forma cruel de borrar la noción del tiempo. La luz nunca cambia del todo y el silencio siempre pesa igual.
Estoy sentado junto a su cama cuando abro los ojos cada mañana, aunque en real