Mundo ficciónIniciar sesiónMe alejo de él tan rápido como puedo. A la distancia su rostro es casi indescifrable, pero por alguna razón alcanzo a ver una microexpresión… un brillo de disfrute.
Algo en mi cuerpo se sacude. Un escalofrío. La sensación de que algo malo —o demasiado bueno— está por pasar. Todos los vellos de mi piel se erizan cuando escucho el sonido del cerrojo cerrándose detrás de nosotros. ¿Nos está… encerrando? Él ya me rechazó. Y no es como si realmente yo fuera a intentar algo. Solo hablé por despecho. Por rabia. Por dolor. Pero todos mis pensamientos se evaporan cuando siento su mano recorrer mi cintura desde atrás. Su cuerpo rozando el mío. Su aliento tibio contra mi cuello, provocando una electricidad completamente nueva en mí. —Espero que tomes responsabilidad por tus propias acciones —susurra. Me muerde la oreja. Mi cuerpo tiembla. Camina guiándome hacia una de las sillas y, como si fuera una muñeca, me acomoda en ella. Sonríe con descaro. Hay un fuego extraño en su mirada. Un fuego que nadie me ha dirigido en años. Y en un segundo lo entiendo: todo lo que ella tiene, todo lo que usa para humillarme, todo lo que me ha arrebatado… está frente a mí. Deseándome. Tocándome. Deslizándose por mi piel. Levanta lentamente la tela de mi vestido. Sus dedos exploran, hambrientos. —¿Te lo quitas tú… o te lo quito yo? —pregunta con esa mirada arrogante que solo él puede hacer. Me mira con esos ojos oscuros mientras se quita su elegante traje. La habitación, enorme y lujosa, se siente de repente asfixiante. Y aunque algo dentro de mí grita que corra… ya no hay vuelta atrás. Él se inclina para besarme. Lo detengo sujetando su rostro, mirándolo fijamente. ¿Cómo lo hago mío? ¿Cómo hago que esta noche no sea solo una más en su vida? Andrew Palvin es mi boleto de salida. Todo lo que necesito para abandonar esta vida sin futuro. Hoy comienza mi plan para quedarme con él. —¿No dije que no soy ese tipo de mujer? —susurro. Él ignora mis palabras. No… las disfruta. Toma mi mano, la que estaba en su rostro, y la lleva a su boca. Lame mis dedos mientras me mira directo a los ojos. Ahí está otra vez esa electricidad. Hace tanto que no estoy con un hombre… que es normal que me derrita. Pero él está acostumbrado a esto. Las mujeres deben ir y venir en su vida como si nada. Qué estúpida fui creyendo que era perfecto. Es solo un hombre. Un hombre… y yo puedo ser su debilidad. Lo atraigo y lo beso. Un beso profundo, desesperado. Descargo todos los años de verlo sin que me note, todos los sueños sin cumplir, toda mi necesidad de sentirme mujer de nuevo. Él responde como una tormenta. Sus embestidas contra mi boca son intensas, explícitas, desbordadas. Toma control desde el primer segundo. El placer de un simple beso me nubla la mente. Su mano rodea mi cuello. Me aprieta justo lo suficiente para arrebatarme el aire. Su dominio es total. La otra mano recorre mis muslos, sube por mi cintura y llega a mis pechos, intentando descubrirlos. Con la poca fuerza que me queda, se lo impido. Él muerde mi labio tan fuerte que duele. Un castigo. Luego rodea mi cintura con un solo brazo y me levanta. Quedo suspendida en el aire, mis piernas instintivamente enredándose en su cintura. Su lengua baja por mi barbilla hasta mi cuello. Saborea mi piel suavemente… hasta que muerde otra vez. Gimo sin poder evitarlo. Me coloca sobre la mesa sin romper el agarre de mis piernas alrededor de él. Nuestras respiraciones llenan la habitación. Su mirada me devora. Mi cabello es un desastre, mis labios hinchados… pero él me mira como si fuera lo más deseable del mundo. Su mano acaricia mi rostro, baja por mi cuello, sigue la curva de mis pechos, mi cintura, mis muslos. Cuando intenta llegar a donde más me delata mi deseo, lo detengo. Sus ojos se llenan de desaprobación e intensidad. Cierro las piernas y lo miro, desafiante. —¿No dijiste que algo como esto no pasaría? —susurro con malicia—. Entonces… ¿por qué estás tan emocionado? Él me observa. Confundido. Afectado. Perdido. Le devuelvo esa sonrisa ladeada que tanto le gusta usar. Una sonrisa llena de orgullo. En su rostro, lo veo claro: por primera vez, Andrew Palvin pierde. Y yo… acabo de ganar mi primera victoria en muchos años.






