Me alejo de él tan rápido como puedo. A la distancia su rostro es casi indescifrable, pero por alguna razón alcanzo a ver una microexpresión… un brillo de disfrute.
Algo en mi cuerpo se sacude.
Un escalofrío.
La sensación de que algo malo —o demasiado bueno— está por pasar.
Todos los vellos de mi piel se erizan cuando escucho el sonido del cerrojo cerrándose detrás de nosotros.
¿Nos está… encerrando?
Él ya me rechazó.
Y no es como si realmente yo fuera a intentar algo.
Solo hablé por despecho.