Rubi
Desde el momento en que Eva cruzó la verja supe que algo estaba mal.
Era instinto. Ese tipo de sensación que aprieta el estómago sin pedir permiso.
Esperé en el auto con la vista fija en el reloj del tablero, viendo cómo los minutos se estiraban más de lo normal. Uno. Tres. Cinco. El silencio alrededor de la casa era demasiado limpio, demasiado quieto. Entonces vi movimiento tras el vidrio de la entrada y mi estómago se cerró al reconocerla. Hellen. Apenas apareció en el marco de la puerta