Thomas había hecho suyas a las dos hermanas como si fueran sus esposas y se sentía muy satisfecho; sin embargo, al volver a su cuarto, no dejaba de pensar en Zoey, en lo increíblemente estrecha que era y en cómo lo apretaba.
Era mejor que cualquier cosa que hubiera sentido jamás. Nunca había estado con una mujer capaz de apretarlo así.
Cuanto más se la cogía, más adicto se volvía y más la deseaba. Ya era más de medianoche; si volvía a acostarse con ella, no dormiría, así que tenía que descansar