Capítulo 27
Mientras Drago conducía hacia Angelia, su linda pasajera seguía dormida desde que él la había llevado en brazos desde el acantilado. Le reclinó el asiento para que estuviera cómoda y la falda se le había subido. Como se había quitado la tanga en el acantilado, sus muslos suaves y desnudos quedaban a la vista, bajo su mirada ansiosa.

—Lo estás pidiendo a gritos... Pequeña rebelde... —murmuró, con una sonrisa oscura. Con las fuerzas recuperadas tras el descanso, se le encendió el deseo otra vez. S
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