Mientras Drago conducía hacia Angelia, su linda pasajera seguía dormida desde que él la había llevado en brazos desde el acantilado. Le reclinó el asiento para que estuviera cómoda y la falda se le había subido. Como se había quitado la tanga en el acantilado, sus muslos suaves y desnudos quedaban a la vista, bajo su mirada ansiosa.
—Lo estás pidiendo a gritos... Pequeña rebelde... —murmuró, con una sonrisa oscura. Con las fuerzas recuperadas tras el descanso, se le encendió el deseo otra vez. S