Mundo ficciónIniciar sesión—Cuando tu hermana recupere el conocimiento, Adrián volverá al lado de la mujer que ama. Todos esperaban que, transcurridos treinta días, Adrián abandonara a Victoria, la mujer que se casó con él sustituyendo a su hermana en coma. Pero después de aquella tarde, Victoria tomó una decisión: se adelantaría a Adrián y elegiría marcharse primero. En ese instante, Adrián comprendió todo lo que había perdido.
Leer más—Adrián.
Victoria estaba de pie en el comedor y llamó suavemente al hombre que se disponía a salir.
Adrián ya llevaba puesto el traje. Sostenía las llaves del auto con una mano, mientras la otra aún descansaba sobre la perilla de la puerta. Se volvió hacia ella con la misma expresión fría de siempre.
—¿Qué ocurre?
Victoria lo observó. Su mirada se posó en el ramo de rosas blancas que ocupaba el centro de la mesa y que ya comenzaba a marchitarse. Una sonrisa muy tenue apareció lentamente en sus labios.
—Ayer fue nuestro aniversario de bodas.
El silencio se prolongó durante dos segundos. Adrián no lo negó. Simplemente respondió en voz baja:
—Lo sé.
Esas dos palabras hicieron que el corazón de Victoria se contrajera con fuerza. Había pensado que él simplemente lo había olvidado.
Pero no era así. Adrián solo consideraba que no tenía importancia no haber regresado para acompañarla en un día como aquel. En ese momento, el teléfono comenzó a sonar. Adrián respondió casi de inmediato.
—Doctor Ramírez.
Victoria no supo qué dijeron al otro lado de la línea, pero la expresión tranquila de Adrián se tensó en un instante.
—¿Ya tienen los resultados? De acuerdo, iré enseguida.
Después de colgar, ni siquiera se detuvo a darle una explicación. Tomó su abrigo y se dispuso a marcharse.
Victoria lo miró y preguntó suavemente:
—¿Se trata de mi hermana?
Los pasos de Adrián se detuvieron por un instante.
—Sí. El médico dice que reaccionó a un nuevo estímulo. Tengo que ir.
Victoria permaneció en silencio durante unos segundos.
La noche anterior había esperado hasta la madrugada frente a una mesa llena de comida que terminó enfriándose. Esa mañana, él ni siquiera se había sentado para terminar el desayuno con ella.
Sin embargo, bastaba una llamada del hospital para que saliera corriendo sin pensarlo dos veces.
Tres años atrás, de no haber sido por aquel accidente, la mujer que habría terminado casándose con Adrián habría sido Fernanda, la hermana mayor de Victoria.
Fernanda era hermosa y sobresaliente. Desde pequeña había sido el orgullo de todos. Ella y Adrián eran considerados la pareja perfecta a los ojos de ambas familias. Su compromiso había sido acordado desde mucho tiempo atrás y todos los preparativos para la boda estaban listos.
Sin embargo, un antes de la ceremonia, Fernanda sufrió un accidente automovilístico. El grave daño neurológico la dejó en coma. Todos los planes se detuvieron aquel día.
Más adelante, para cumplir el acuerdo entre ambas familias, la madre de Adrián y sus padres propusieron una solución.
Victoria ocuparía el lugar de su hermana y se casaría en su lugar.
En aquel momento, nadie le preguntó si estaba de acuerdo. Todos pensaron que era la mejor manera de resolver el problema. Incluso Victoria, porque nadie sabía que llevaba muchos años enamorada de Adrián.
Ella creyó que, si lograba convertirse en su esposa, algún día él terminaría aceptándola. No importaba que al principio no existiera amor.
Pero después de tres años, finalmente comprendía la verdad.
Cuando el corazón de una persona ya le pertenece a alguien más, ni siquiera el matrimonio puede conseguir una sola palabra de amor. Finalmente, Victoria se hizo a un lado.
—Ten cuidado en el camino.
Adrián asintió y salió por la puerta. Victoria permaneció en el mismo lugar. No corrió detrás de él ni derramó una sola lágrima. Había vivido aquella escena demasiadas veces.
Aquel día tan especial para ella era solo uno más entre las muchas ocasiones en las que había ocurrido lo mismo.
Y mientras en el comedor todavía permanecía la cena de la noche anterior. Clara, una de las empleadas, se acercó y preguntó con cautela:
—Señora, ¿desea que retire todo?
Victoria no contestó.
Se acercó a la mesa, tomó la copa y movió suavemente el vino.
El aroma seguía allí pero, el hombre al que había esperado, no.
El día anterior habían cumplido tres años de casados. Por primera vez en mucho tiempo, Victoria había cocinado personalmente. Comenzó a preparar la cena desde la tarde y acudió a la florería para comprar las rosas blancas que tanto le gustaban a Adrián.
Incluso había preparado un regalo, había tardado una semana entera en elegir aquel par de gemelos plateados. Pensó que el tercer aniversario tendría que ser diferente de los dos anteriores.
Sin embargo, esperó desde las siete de la noche hasta la una de la madrugada y no recibió ninguna llamada, tampoco un mensaje.
Solo a medianoche escuchó el sonido de un automóvil apagándose frente a la residencia.
Creyó que Adrián finalmente había regresado. Bajó corriendo las escaleras sin siquiera ponerse los zapatos, pero encontró al hombre sentado en el sofá de la sala, agotado y con el olor característico del hospital impregnado en la ropa.
—Es demasiado tarde. Dormiré abajo —le dijo.
Victoria no tuvo oportunidad de pronunciar una sola palabra.
Tampoco alcanzó a recordarle que era su aniversario de bodas ahora sabía que él no lo había olvidado. Simplemente, no era importante.
Clara dejó escapar un suspiro.
—Señora, prepararé algo de desayunar para usted.
Victoria regresó a la realidad y asintió suavemente.
—Está bien.
Después volvió a su habitación.
El dormitorio principal era muy grande, pero durante los últimos tres años podían contarse con los dedos de una mano las noches que ambos habían compartido realmente la cama.
Porque cada vez que ocurría algo en el hospital, Adrián permanecía allí durante toda la noche.
En cambio, cuando Victoria se enfermaba o tenía fiebre, él nunca regresaba. Se limitaba a llamar al médico de la familia para que fuera a revisarla.
Nunca la había tratado mal.
Le había dado la mejor vida, todas las comodidades y una posición que cualquiera habría considerado envidiable.
Victoria se miró en el espejo.
Vio a una mujer vestida con elegancia, de expresión serena y completamente sola.
Era la esposa de Adrián Montenegro.
A los ojos de todos, había tenido la suerte de casarse con él.
Pero Victoria conocía la verdad.
Su matrimonio había durado tres años, pero para Adrián aquella relación nunca había comenzado realmente.
Victoria lo miró en el espejo, con los ojos húmedos.—No.Adrián continuó, más despacio.Cuando terminó, la ayudó a ponerse el pijama. Victoria se dejó guiar, todavía apenada por necesitarlo para algo tan básico, pero ya sin la misma rigidez del principio. Sus manos temblaron al acomodarse la tela sobre el cuerpo, y Adrián esperó hasta que ella estuviera lista antes de tocarla de nuevo.—Ya está —dijo él, bajando la voz.Victoria miró hacia la cama, agotada hasta los huesos.—Gracias.Adrián no respondió de inmediato. Fue al armario, sacó ropa limpia para él y comenzó a desvestirse de espaldas, con la naturalidad de alguien que no intentaba provocarla. Sin embargo, Victoria no pudo evitar mirarlo.El saco cayó sobre una silla. Después la camisa, los botones, la espalda amplia marcada por la tensión del día. Ella sintió un calor vergonzoso subirle al rostro, no solo por verlo, sino por darse cuenta de que su mente todavía podía pedir cercanía, aunque su cuerpo no estuviera preparado pa
—No vuelvas a preocuparte por todos antes que, por ti, y mucho menos por mí. Yo debí preocuparme por ti cuando estabas a mi lado y no lo hice como debía. Ahora no me quites la oportunidad de hacerlo bien.Victoria lloró de nuevo, pero esta vez no intentó cubrirse. Adrián se incorporó y le acarició el cabello con una suavidad contenida.—Necesitas descansar. También necesitas entrar en calor.—Estoy bien.Él la miró mientras Victoria suspiró entre lágrimas.—Está bien, no estoy bien.—Eso ya es un avance.Ella casi sonrió, aunque el gesto se quebró antes de formarse. Adrián fue al baño y abrió la llave de la tina. El sonido del agua llenó el silencio con una calma íntima que a Victoria le provocó más vergüenza que alivio. Cuando él regresó, ella bajó la mirada a su ropa arrugada y luego a sus propias manos.—Puedo hacerlo sola.—Puedes —respondió él—, pero no tienes que hacerlo sola hoy.Victoria sintió el rostro arder.—Adrián, no…Él se detuvo de inmediato.—Si te incomoda, salgo y l
Tan pronto estuvieron a un metro de distancia se escuchó pegado al carro.—Señor Montenegro, ¿Su cuñada fue la causa de la separación?—¡Victoria! ¿Es cierto que usted inició el trámite?Victoria se hundió un poco más en el asiento. Adrián no soltó su mano, aunque su expresión se endureció al ver cómo algunos reporteros se acercaban demasiado al auto.—No mires hacia ellos —dijo en voz baja—. Solo a mí.—Adrián…—Estoy aquí.El chofer abrió paso como pudo hasta entrar por las rejas. Seguridad intentó contener a los periodistas, pero varios alcanzaron a colarse lo suficiente para rodear el vehículo antes de que llegara a la entrada principal. Adrián esperó a que el auto se detuviera, bajó primero y bloqueó de inmediato el acceso hacia Victoria.—No habrá entrevistas —dijo, con una calma que no necesitaba elevarse para imponerse—. Cualquier comunicado será emitido por nuestros representantes legales.Los flashes no se detuvieron.—¡Señor Montenegro! ¿Sigue considerando a Victoria como p
Victoria salió del despacho del licenciado con una mezcla agotadora de cansancio, miedo y claridad que todavía no sabía cómo sostener.—¿Puedes caminar? —preguntó Adrián en voz baja.—Sí.La respuesta salió por costumbre, no porque fuera cierta, y cuando intentó enderezarse para avanzar, apenas alcanzó a dar dos pasos fuera de la entrada antes de que las piernas dejaran de responderle; Adrián la sostuvo antes de que pudiera caer.—Victoria.Su voz se quebró apenas, pero sus brazos no dudaron. La levantó con cuidado, estrechándola contra su pecho, como si sentirla tan frágil entre sus manos le arrancara años de orgullo inútil.—Estoy bien —murmuró ella, aunque los ojos se le cerraron un instante.—No vuelvas a decir eso cuando nisiquiera puedes sostenerte.No sonó a regaño, sino a miedo.Victoria quiso responder, pero el mundo volvió a inclinarse y Adrián la acomodó mejor contra él antes de bajar los escalones con una firmeza que no permitía interrupciones. Entonces escuchó un grito de
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