Capítulo 2
Una semana después, Zoey empacó sus cosas y llegó a casa de su hermana mayor.

Su madre ya había alquilado un departamento cerca de la universidad, pero todavía no podía mudarse. Tenía que esperar una semana más hasta que el inquilino anterior se fuera. Mientras tanto, sus padres tenían que salir de la ciudad. No querían dejarla sola, así que le pidieron que se quedara un tiempo con su hermana.

¡Din don...!

El timbre sonó en el departamento de lujo de Melanie, en el centro. Su esposo era empresario, así que vivir ahí le resultaba más práctico para trabajar que instalarse en una casa alejada.

Zoey esperó un momento hasta que la puerta se abrió. Sonrió, pensando que era su hermana, pero quien abrió fue su apuesto cuñado.

—Hola, Thomas. ¿Melanie no está? —lo saludó Zoey con cortesía.

Thomas se ajustó los anteojos de armazón transparente y miró a Zoey. Ya era una joven hermosa. Sus rasgos mestizos la hacían muy atractiva, y su busto generoso le llamó tanto la atención que le dieron ganas de tocarlo...

—Oh... Zoey... Creciste tanto que casi no te reconozco. Hace mucho que no te veo. Pasa —dijo Thomas mientras le abría la puerta.

Ese día, Melanie se había ido temprano al trabajo porque tenía una reunión con un cliente. Thomas pensaba salir a las diez de la mañana para evitar el tráfico.

—Le dije a Melanie que me iba a quedar una semana. No sé si te lo comentó —dijo Zoey.

No había mucha confianza entre ellos, porque él siempre estaba ocupado y rara vez visitaba a la familia de Zoey, a diferencia de Melanie.

—Ah, sí me dijo. Lo que no sabía era que llegabas hoy. Ese es tu cuarto. Deja ahí las maletas y ponte cómoda. Ya me voy al trabajo —dijo Thomas mientras agarraba su celular y su MacBook para irse.

—Te acompaño hasta la puerta —dijo Zoey enseguida. Quería asegurarse de cerrar con llave, por seguridad. Estaba acostumbrada a cuidarse así porque su mamá se lo había enseñado desde niña.

A Thomas le sorprendió un poco que Zoey lo acompañara hasta la puerta. Esa sensación le gustó mucho, como si una esposa lo despidiera al salir a trabajar.

¿Estaba empezando a tener segundas intenciones con Zoey? Ella era tan seductora, tenía tan buen cuerpo. Si alguna vez se le presentaba la oportunidad de acostarse con ella, no pensaba desaprovecharla.

Estaba cansado de fingir que era un ejecutivo serio. En el fondo era tan calenturiento que hasta su esposa apenas podía con él. Si Zoey lo ayudara a desahogarse, se preguntaba si su esposa algún día lo permitiría.

¿Y Zoey querría compartir marido con su hermana?

Con solo pensarlo, se calentó. Aunque la noche anterior se había acostado varias veces con su esposa, seguía caliente. Ver a una mujer tan atractiva le despertó el deseo otra vez.

En cuanto Thomas se fue, Zoey cerró la puerta con llave.

“Aaaahhh... ¡Dios mío...!”

“¿Por qué mi cuñado tiene que ser tan guapo? ¡Ay... se me acelera el corazón! ¿De verdad me gusta? ¡Ay, no...!”

“Es tan apuesto como galán de telenovela. Quisiera hacer algo con él a escondidas... Con solo pensarlo ya me estoy mojando. Me estoy volviendo loca”.

Zoey no paraba de dar vueltas en la cama, incapaz de dejar de pensar en Thomas. De pronto le dieron ganas de quedarse ahí y no volver a su departamento cerca de la universidad. Sentía que era un pecado tener esos pensamientos prohibidos sobre el esposo de su hermana.

Por la noche, Melanie regresó del trabajo con Thomas. Él ya le había avisado que Zoey llegaba ese día. Melanie estaba tan ocupada con el trabajo que se le olvidó que su hermana venía, pero por suerte ya había preparado el cuarto.

—Zoey, ¿estás despierta?

Melanie vio que el cuarto estaba a oscuras y en silencio, y pensó que su hermana dormía. Abrió la puerta y encontró a su hermanita traviesa dormida, en ropa interior nada más. Con razón su mamá no quería dejar sola a Zoey.

Zoey escuchó a su hermana y se despertó medio aturdida, sin saber qué hora era.

—¿Ya volviste? —preguntó Zoey.

—¡Traviesa! ¿Cómo se te ocurre dormir así, casi desnuda?

Thomas venía detrás; al escuchar que su esposa decía que su hermana dormía casi desnuda, se detuvo.

“Casi desnuda... uf... cálmate... esta noche voy a estar con mi esposa... Deja de fantasear con acostarte con tu cuñada... ¡carajo!”

Se fue deprisa a su cuarto, conteniéndose, aunque se moría por ver lo sexy que se vería Zoey casi desnuda.

Escucharlas hablar en voz baja le daba ganas de unirse a ellas, pero entrar en ese momento sería demasiado vergonzoso. La erección no se le bajaba.

“Mierda... quiero a Zoey”.

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