Zoey entreabrió la puerta apenas una rendija. Solo había visto algo así en películas eróticas y quería verlo en persona para descubrir cuánto la excitaría.
Zoey abrió la puerta lo justo para asomarse y ver a Thomas embistiendo a Melanie por detrás, mientras ella se inclinaba hacia adelante y abría bien las piernas para que él se moviera a sus anchas.
—Ah... cariño... Mmm, ya no aguanto más... —Melanie temblaba mientras él se hundía en ella sin contenerse.
—Ahh... aguántate... no te vengas todavía...
Thomas no quería que se viniera todavía. Quería que llegaran juntos al clímax, así que la obligó a aguantarse hasta que él acabó.
Al verlos así, Zoey apretó los muslos y se los frotó un poco, cada vez más caliente entre las piernas.
“Aah... yo también lo deseo... Mmm”
Gimió, estremecida de deseo, e imaginó lo emocionante y placentero que sería que Thomas le quitara la virginidad con esa enorme verga.
Sin darse cuenta, se llevó una mano a un pecho y se lo apretó, mientras la otra se deslizaba entre sus piernas y empezaba a tocarse, cada vez más excitada.
“Mmm... Aah... esto es demasiado...”
En cuanto vio que Thomas llegaba al clímax, cerró la puerta con cuidado, sin hacer ruido. Luego se alejó con cuidado y volvió a la mesa a seguir comiendo.
Mientras pelaba las almejas y las mojaba en la salsa de mariscos, no dejaba de pensar en lo que acababa de ver.
“Si dejara que me hiciera eso... ¿me dolería?”, se preguntó mientras miraba de reojo la puerta de la habitación, desde donde se seguían oyendo esos gemidos intensos, y se imaginaba en el lugar de su hermana, recibiendo la misma embestida.
Con solo pensarlo se sintió abrumada. Terminó de comer a toda prisa y decidió volver a su cuarto. Esa noche tendría que masturbarse otra vez, pero los dedos ya empezaban a cansársele y lo que de verdad ansiaba era una verga dura.
Cuando Zoey entró a su cuarto, se cruzó con Thomas, que acababa de salir. Miró hacia la puerta del cuarto de Zoey, imaginó sus curvas y se preguntó cómo sería tenerla en la cama.
Fue a la mesa a buscar algo de comer y notó que Zoey se había comido casi todas las almejas y apenas había tocado los demás platos.
“Después de comerse todas esas almejas, me pregunto si se pasará la noche entera retorciéndose de ganas. Más tarde tendré que probarla, a ver si está tan buena como esas almejitas”.
Mientras tanto, Zoey estaba acostada en la cama, viendo porno en el celular. Lo sostenía con una mano y con la otra se frotaba el clítoris.
“Oh... esto es demasiado... ¿por qué se siente tan intenso...? Ojalá pudiera sentirlo de verdad...”
Melanie quedó tan agotada después del sexo con su esposo que apenas se duchó y cayó profundamente dormida, sin salir a comer. Thomas la vio así y supuso que estaría cansada, así que la tapó con la manta antes de ir a ducharse él también.
Se quedó de pie bajo la ducha y dejó correr el agua, pensando en lo bien que se sentiría metérsela a Zoey.
—Ah... otra vez se siente... Mmm.
Thomas se acariciaba de arriba a abajo mientras cerraba los ojos e imaginaba lo apretada que estaría. Imaginarse clavándole sus nueve pulgadas lo excitaba muchísimo.
Cuando terminó de ducharse, salió desnudo, con apenas una toalla floja en la cintura. Se sentó al escritorio a terminar algo de trabajo pendiente, pero cuando cerró la laptop ya era casi medianoche.
Al pasar frente al cuarto de Zoey, no podía pensar en otra cosa que entrar. Acercó la mano a la manija y la giró con cautela, esperando verla a escondidas mientras el resto de la casa dormía.
No tenía puesto el seguro, justo como él esperaba.
—Esta noche no te me escapas...
Empujó la puerta despacio y vio a Zoey tendida en la cama, con las piernas todas abiertas y una pijama delgada. Se le aceleró el pulso mientras caminaba hacia ella.
—Se ve tan tentadora...
Se subió a la cama y le tocó el pie. Tenía la piel tersa y pálida, incluso más suave que la de Melanie. Le dieron ganas de abrirle bien las piernas y metérsela con todas sus fuerzas, sin contenerse.
—¿Por qué viniste a quedarte aquí? ¿No sabes qué clase de persona soy? —susurró.
Se había mudado para vivir a solas con su esposa porque su única forma de aliviar el estrés era montarla hasta dejarla sin sentido cada noche, y encima lo consideraba un excelente ejercicio.
Deslizó la mano despacio desde el pie y la acarició con delicadeza, como si pudiera romperse.
—Mm... —Zoey se movió un poco al sentir que algo la sacaba del sueño.
Levantó un poco la pierna y por poco le pegó, pero él alcanzó a esquivarla a tiempo. Si no, le habría dado de lleno en la cara.
—Cuidado... o te la meto aquí y ahora...
El camisón delgado se le había subido y dejaba al descubierto su sexo, suave y lampiño. Justo lo que él quería ver.
Le levantó la tela un poco más con cuidado y se inclinó para besarla suavemente cerca del sexo.
—Mmm... qué hermosa...