En cuanto Thomas se la hundió hasta el fondo, movió las caderas despacio para que ella se acostumbrara a su tamaño. Cuanto más se movía, más lo apretaba Zoey, hasta que él jadeó, abrumado por el placer.
“Sss... Esto se siente increíble, carajo. Así se siente un coño virgen... con razón los hombres se mueren por las universitarias jóvenes y puras...”, pensó él.
—Mmm... Thomas... mmm...
Zoey, abrumada por su lengua y sus movimientos, no podía articular palabra. El dolor y el placer se le mezclaban