Pum, pum, pum.
¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!
El sonido de su miembro golpeando el sexo húmedo de Zoey retumbaba como un tambor constante.
—Mmm... ¡Ah...! —gimió Zoey con la voz quebrada de placer. Él la llevaba al límite. Con cada embestida despiadada, él le hundía entero su miembro descomunal, hasta tocar fondo en su parte más honda y sensible con una fuerza salvaje e inflexible.
Drago le apretó las caderas con tanta fuerza que podía dejarle marcas y, con un movimiento seco y brusco, le dio una nalgada