Mundo ficciónIniciar sesiónCatrine alguna vez creyó que Frans era el salvador de su vida. Él había saldado todas las deudas de su familia, la había rescatado de la desesperación y, después, le propuso una relación por contrato que duraría tres años. Catrine aceptó sin atreverse jamás a esperar algo más. Sin embargo, todo cambió cuando la mujer que siempre había ocupado el corazón de Frans regresó. En un instante, Catrine comprendió que durante todo ese tiempo no había sido más que un reemplazo. Alguien que nunca sería la elegida. Mientras Frans se volvía cada vez más frío y su familia no dejaba de humillarla, Catrine tomó una decisión: marcharse. Y lo hizo llevándose consigo un secreto que nadie conocía. Un bebé que crecía en su vientre. Sin despedirse, Catrine desapareció. Solo después de perderla, Frans comprendió que la mujer que siempre creyó que lo esperaría para siempre se había llevado con ella toda su felicidad. Cinco años después, el destino volvió a cruzar sus caminos a través de un niño de hermosos ojos cuyo rostro se parecía sorprendentemente al suyo. Cuando la verdad salió a la luz, Frans quiso recuperar a la mujer que amaba y al hijo que nunca supo que tenía. Por desgracia, esta vez Catrine ya no era aquella mujer que lo amaba incondicionalmente. Y, además, había otro hombre a su lado. ¿Logrará Frans recuperar el amor que una vez dejó escapar? ¿O será el arrepentimiento el castigo más cruel que deberá cargar durante el resto de su vida?
Leer másCapítulo 1
—Terminemos con esta relación —dijo Frans mientras daba una calada al cigarrillo que sostenía entre los dedos. La capital parecía tranquila aquella noche. Frans podía sentir el viento nocturno golpeando su piel con una frialdad inusual. —¿Por qué? ¿He hecho algo mal? —preguntó una mujer desde el interior de la habitación, mirando con incredulidad hacia el balcón donde él se encontraba. Catrine se apresuró a ponerse la ropa que estaba esparcida por el suelo. Incluso podría decirse que parecía presa del pánico. Se acercó a Frans, que seguía disfrutando de su cigarrillo. —¿No has quedado satisfecho con todo lo que he hecho por ti durante este tiempo? —preguntó, intentando asegurarse de haber oído bien. Durante los tres años que había mantenido una relación contractual con Frans, Catrine jamás había incumplido ninguna de las reglas que él había impuesto. Aunque muchas veces le resultaban difíciles de soportar, siempre obedecía. Frans exhaló una bocanada de humo al aire. Luego giró la cabeza. Catrine estaba justo detrás de él. La joven lucía sensual con el pijama que Frans siempre había elegido para ella. Su cabello negro contrastaba intensamente con la blancura de su piel. Frans negó con la cabeza. —Kania regresa dentro de tres días. Aquella simple frase fue suficiente para congelar el cuerpo de Catrine. Los dedos que sujetaban el borde de su pijama se tensaron lentamente. Sintió la garganta seca. Ese nombre volvía a aparecer después de tres años intentando ignorarlo. Kania. El nombre que siempre había sido una sombra dentro de su relación. Desde el principio, Catrine lo había sabido. Siempre lo había sabido. Aquella relación era temporal. Solo un contrato que terminaría en cuanto esa mujer regresara. Pero saberlo y escucharlo de labios de Frans eran dos cosas completamente distintas. Los labios de Catrine temblaron ligeramente. Quiso preguntar si durante aquellos tres años realmente no había significado nada para él. Si todas las risas que habían compartido, todas las noches que habían pasado juntos y todas las pequeñas atenciones que Frans había tenido con ella no habían sido más que una obligación. Sin embargo, las palabras quedaron atrapadas en su garganta. Su orgullo no se lo permitía. Tres años atrás, cuando su vida se encontraba en el punto más bajo, Frans había aparecido para ayudarla. En aquel entonces, Catrine creyó haber escapado del abismo de la destrucción. La realidad era que solo había pasado de una trampa a otra. Poco a poco, aquel hombre se convirtió en el lugar más seguro y, al mismo tiempo, más peligroso para su corazón. Catrine cerró los ojos durante unos segundos. «Debes reaccionar, Cat. No permitas que esto te atrape más de lo que ya lo ha hecho». Por desgracia, ya era demasiado tarde. No sabía en qué momento habían nacido aquellos sentimientos que jamás debieron existir. Y ahora tendría que enterrarlos vivos. Catrine dio un paso atrás. Como si toda la felicidad que había construido durante esos años se hubiera derrumbado en cuestión de segundos. Al final, nunca había sido más que un reemplazo. Un reemplazo que debía apartarse cuando la verdadera dueña de su lugar regresara. —Está bien —dijo en voz baja. Se obligó a sonreír. Una sonrisa que ni siquiera alcanzó sus ojos. —Si tu verdadero amor ya ha vuelto... Sin esperar respuesta, abrió el armario y comenzó a guardar sus pertenencias. Su mano se detuvo cuando encontró una bufanda que Frans le había regalado cuando estuvo enferma. Antes, aquel sencillo objeto había sido capaz de hacerla sonreír durante todo el día. Ahora parecía una cruel burla. Con rapidez, metió la bufanda dentro de la maleta. No solo guardó ropa. También empaquetó todos los objetos que contenían recuerdos de Frans. Cuanto antes se marchara, antes sanaría su corazón. Al menos eso era lo que seguía repitiéndose a sí misma. Frans entró en la habitación. Sin previo aviso, la abrazó por la espalda. —Una vez más —susurró con voz grave. El cuerpo de Catrine se tensó. El aroma familiar del perfume de Frans volvió a inundar sus sentidos. Maldita sea. Incluso después de todo lo ocurrido, una parte de ella seguía deseando girarse y abrazarlo. Seguía queriendo preguntarle si realmente no ocupaba ni un pequeño rincón en su corazón. Pero otra parte de sí misma se negaba. La misma parte que había luchado desesperadamente por conservar su dignidad. —Debo marcharme antes de que llegue Kania —dijo con frialdad mientras apartaba las manos de Frans de su cintura. —No tienes que irte. Este apartamento ya es tuyo. Catrine soltó una breve carcajada. Una risa que sonó mucho más amarga que alegre. —¿Así que esta es mi indemnización? Frans frunció el ceño. Mientras tanto, Catrine continuó con una tenue sonrisa. —Frans... Catrine apartó la mano que él había posado sobre su abdomen. —Ya no tengo ganas de complacerte, Frans. Yo... No tuvo tiempo de terminar la frase. De manera brusca, Frans la sujetó por la cintura y la arrojó sobre la cama. Acto seguido, inmovilizó su cuerpo antes de que pudiera escapar. —Mientras nuestro acuerdo siga vigente, tienes la obligación de satisfacerme, Catrine. No lo olvides. La voz de Frans era baja, pero suficiente para hacer que Catrine sintiera miedo. —¡Espera, Frans! —exclamó mientras intentaba detener una de las manos de él que se deslizaba bajo su ropa. Frans esbozó una sonrisa astuta. —Sabes perfectamente que odio que me hagan esperar. Catrine parecía más nerviosa que antes, incluso más que cuando él había decidido poner fin a su complicada relación. El problema era que los métodos de protección que Frans solía utilizar ya se habían agotado aquella misma noche. Y precisamente ahora Catrine se encontraba en sus días fértiles. Temía que, si volvía a ocurrir, pudiera quedarse embarazada. Y si eso sucedía... ¿Qué sería de ella? Catrine apartó rápidamente aquel pensamiento de su mente. —Pero la protección... —¿Estás dudando de mí, Catrine? —la interrumpió Frans sin dejarla terminar. No le gustaba que cuestionaran sus capacidades. Aquella vez fue mucho más brusco que de costumbre. Como si estuviera descargando su frustración al ver que Catrine parecía aceptar con demasiada normalidad el final de su relación contractual. A la mañana siguiente, Catrine despertó y descubrió que el lado de la cama donde había dormido Frans estaba vacío. Frío. Permaneció mirando el techo durante unos instantes. Luego soltó una pequeña risa. Una risa triste. —Tsk... ¿Qué esperaba realmente? Sus dedos rozaron el espacio que él había dejado atrás. No había ningún mensaje de despedida. Ninguna palabra de agradecimiento. Tres años de relación habían terminado sin más. Como si jamás hubieran significado nada. Los ojos de Catrine comenzaron a arder. Pero parpadeó rápidamente, obligando a las lágrimas a desaparecer antes de caer. ¿Llorar por Frans? Por supuesto que no. Ya se había prometido que no lo haría. Al menos no hoy. Tras inhalar profundamente, se levantó de la cama. Sin embargo, sus pasos se detuvieron al ver varios documentos y algunas tarjetas negras sobre la mesa. Una leve sonrisa apareció en sus labios. —Eres bastante generoso, Frans. Su mirada recorrió los títulos de propiedad y los documentos de una villa situada en una exclusiva zona residencial. Su pecho volvió a oprimirse. Porque cuanto más valiosos eran los regalos que Frans le dejaba, más evidente resultaba que estaba poniendo fin a su relación como si se tratara de una simple transacción. De pronto, sonó una notificación. Era un mensaje de Frans. «Esta noche ponte el vestido que te he preparado. Arréglate bien y luce hermosa.» Catrine observó la pantalla de su teléfono durante largo rato. Luego sonrió con ironía.Capítulo 5Embarazada. Y mi bebé... está en peligro por mi culpa.Aquellas palabras en la pantalla fueron como una daga clavándose directamente en el corazón de Frans.Todo ese tiempo había creído que Catrine era un puerto seguro que siempre estaría allí, una mujer obediente que jamás se marcharía a ningún lado. Pero esa noche, la realidad lo abofeteó con tanta fuerza que apenas podía respirar.Catrine estaba embarazada de su hijo.Y, al mismo tiempo, estaba soportando sola un sufrimiento que ponía en peligro la vida del hijo que ambos habían concebido.—¡Maldita sea! ¡MALDITA SEA!Frans descargó un brutal puñetazo contra el volante. El claxon estalló con un sonido estridente que rompió el silencio del aparcamiento.Al diablo su orgullo.Al diablo la imagen del hombre frío y siempre dueño de sí mismo.En ese instante, el mayor miedo de toda su vida acababa de hacerse realidad.Catrine se había marchado...Llevándose consigo la mitad de su alma, esa misma que él ni siquiera había tenid
Capítulo 4Dentro del sobre marrón estaba el vestido de noche que Frans había elegido para Catrine aquella misma mañana. El hermoso vestido que debía ceñirse al cuerpo de la mujer esa noche. Sin embargo, no había sido simplemente desechado. La delicada seda había sido cortada en dos justo a la altura del pecho, dejando un desgarrón tosco y desolador.Sobre los restos de la tela descansaba una pequeña nota, salpicada de manchas de agua ya secas.Solo contenía una frase, escrita con la temblorosa caligrafía de Catrine."Esta noche te devuelvo la muñeca que moldeaste durante todo este tiempo. Felicidades por haber recuperado a la dueña de tu corazón."Frans apretó el papel hasta arrugarlo por completo dentro de su puño. Su respiración se volvió agitada. Sus ojos, normalmente serenos, destellaban una furia incontenible mezclada con una emoción desconocida para él. El pánico lo había invadido.—Encuéntrenla —ordenó entre dientes, con la voz temblando por la rabia contenida—. Movilicen a to
Capítulo 3Mientras aquella lujosa fiesta continuaba envuelta en risas y luces deslumbrantes, en otro lugar una mujer permanecía sentada sola en la sala de espera de la terminal de salidas.Catrine abrazaba el pequeño bolso que descansaba sobre su regazo.El aeropuerto estaba abarrotado aquella noche. La gente iba y venía sin descanso. Los anuncios de los vuelos resonaban constantemente por los altavoces.Lo normal habría sido que Catrine estuviera ocupada revisando sus pertenencias para asegurarse de que no olvidaba nada.Sin embargo, permanecía inmóvil.Su mirada estaba vacía.Durante la última hora, su teléfono no había dejado de vibrar. El mismo nombre aparecía una y otra vez en la pantalla.Frans.Catrine no tenía la menor intención de responder sus llamadas.En lugar de eso, apagó el teléfono.Un segundo después, la pantalla quedó completamente oscura.Tan oscura como la esperanza que había conservado durante todos esos años.Las lágrimas que llevaba tanto tiempo conteniendo fin
Capítulo 2Las lámparas de cristal suspendidas del techo del salón de baile proyectaban una luz dorada que se reflejaba en cada rincón de la estancia.Los invitados comenzaron a llegar uno tras otro. La música clásica sonaba suavemente, creando una atmósfera elegante, acorde con la celebración de aquella noche.Frans permanecía de pie junto a un enorme ventanal, sosteniendo una copa entre sus manos. El traje negro que llevaba puesto le otorgaba una presencia aún más imponente.De vez en cuando, echaba un vistazo al costoso reloj que rodeaba su muñeca.Las siete y cuarto.Después, su mirada volvía inevitablemente hacia la entrada del salón.Vacía.Frans frunció el ceño.Normalmente, Catrine siempre era puntual. De hecho, solía llegar antes que él.Durante los últimos tres años, siempre había sido así.Obediente.Nunca discutía y jamás causaba problemas.Por eso, Frans ni siquiera consideró la posibilidad de que ella ignorara su mensaje.Tomó su teléfono móvil y abrió la conversación qu





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