Melanie se casó con Thomas a los veinticinco años. Thomas era un empresario cinco años mayor que ella, y a Melanie le resultaba irresistible porque era ardiente en la cama. Ella estaba perdidamente enamorada de su esposo; todas las noches tenían sexo varias veces, y él siempre la dejaba satisfecha.
Aunque en público era muy correcto, en la cama se desataba con Melanie; no paraba de decir groserías ni de hablarle sucio mientras hacían el amor. A ella no le molestaba; al contrario, le gustaba, porque le despertaba una emoción que no sabía explicar.
—Aah... más fuerte... mmm... más. —Thomas le dio una nalgada mientras ella lo montaba. Ya iban por la tercera ronda, así que Thomas estaba agotado, pero su erección seguía firme y no cedía.
—Mmm... está bien...
Melanie bajó con fuerza para recibirlo lo más hondo posible.
¡Pum, pum, pum, pum...!
El choque de sus cuerpos sonaba con claridad. Se movían con intensidad febril cuando sonó el celular.
—¿Quién llama? —preguntó Thomas, algo molesto porque estaba en pleno momento íntimo con su esposa.
Pero el celular siguió sonando, así que Thomas lo tomó y se lo pasó.
—Hola, ¿quién habla?
—Melanie, soy Zoey —respondió ella.
Zoey era una adulta joven. Su madre había dejado a su exesposo, se había casado con un extranjero y se había mudado a Florimar. Zoey había vivido con su madre hasta el día en que llamó a Melanie.
—¿Pasa algo, Zoey? ¿Mamá está enferma? —preguntó Melanie, algo sorprendida. Al ver el disgusto en la mirada de su esposo, siguió moviéndose sobre él mientras hablaba.
—No, no es eso. La próxima semana mi mamá va a estar fuera, así que quiere que me quede contigo mientras busco un departamento cerca de la universidad.
—¿Ya va a empezar el semestre? —le preguntó Melanie a su hermana menor.
—Todavía no. Sigo estudiando en línea. Como la situación del COVID está mejorando, seguro las clases empezarán pronto. Tengo que prepararme —dijo Zoey.
—Ah... está bien, nos vemos. —Melanie colgó enseguida, porque su esposo la tumbó de golpe, se le puso encima y la embistió con fuerza.
Melanie estaba tan apretada y dolorida que no podía hacer nada. Solo le quedaba aguantar hasta que él, por fin, terminó.
—Aaah...