Mundo ficciónIniciar sesiónAitana Fonseca nunca imaginó que la malicia de su media hermana cambiaría su vida para siempre. Tras caer en una trampa, termina en la cama de Jax O'Brien, su peor enemigo, quien la desprecia profundamente. La consecuencia de esa fatídica noche es que Aitana queda embarazada, desatando la furia de su padre, un hombre cruel que, además de maltratarla, la encierra para que pase un parto humillante y desgarrador. Lo peor llega cuando le arrebata a uno de sus bebés, pero con la ayuda de una sirvienta, Aitana logra ocultar a la pequeña que logra nacer sin que su padre la vea. Sin embargo, la niña nace con una grave enfermedad del corazón, que solo puede curarse con una cirugía costosa. Desesperada, Aitana decide estudiar medicina, permaneciendo bajo el techo de su malvado padre, mientras la amenaza constante de su situación le persigue. Años después, cuando finalmente está lista para operar a su hija, el destino la enfrenta nuevamente con Jax. Al verla feliz, Jax no duda en hacerle la vida aún más miserable. Movido por el rencor, ofrece una suma de dinero al padre de Aitana para que la obligue a casarse con él, sumiéndola en un nuevo infierno del cual solo ella podrá decidir si escapar o someterse.
Leer másJax salió de la habitación del hospital sin decir una sola palabra.No hubo insultos.No hubo amenazas.Ni siquiera una mirada atrás.Caminó como un animal herido, rígido, con los puños cerrados y la mandíbula apretada, como si el aire le quemara los pulmones. El portazo resonó en el pasillo y quedó un silencio incómodo, espeso.Aitana lo observó alejarse sin moverse de la cama.No se sorprendió.Era Jax O’Brien. Su reacción no podía ser otra.—Aitana… ¿no irás a ver qué le pasa? —preguntó Marisa, intrigada, asomándose hacia la puerta.Aitana se encogió de hombros, fingiendo una calma que no sentía.—No es necesario —respondió con desdén—. Acaba de chocar con la realidad. Ese hombre es tan desagradable que incluso sería capaz de ignorar a Anny… y si lo hace, mejor para mí.Lo dijo sin emoción, pero apenas terminó la frase, la puerta se abrió de golpe.Jax regresó.Irracional. Descompuesto, con los ojos oscuros, encendidos por una furia que no encontraba salida.Antes de que Aitana pud
La madre de Jax lo vio cruzar el salón con el andar decidido de siempre, ese que no admitía interrupciones. Aun así, lo siguió.—Jax —lo llamó, alcanzándolo a medio pasillo—. Ven, desayuna conmigo. Ha pasado mucho tiempo que no tenemos un desayuno en familia. Hijo me hace falta conversar contigo.Él se detuvo apenas un segundo, lo suficiente para girar el rostro con fastidio contenido. Iba a responder cuando Aitana apareció de pronto, avanzando frente a ellos con el rostro tenso, los labios apretados y la mirada encendida de furia. No se detuvo. No saludó. Pasó como un vendaval.Fue entonces cuando la señora O’Brien vio el moretón rosáceo, demasiado visible, que marcaba el cuello de Aitana como una firma indecente. Sus ojos se abrieron con incredulidad. Luego, lentamente, giró la cabeza hacia su hijo.—No puedo creerlo… — manifestó, decepcionada—. No puedo creer que te estés acostando con esa mujer.Jax se encogió de hombros, indiferente.—A fin de cuentas, es mi esposa —respondió c
Jax la observó con detenimiento, de arriba abajo, sin prisa, como si quisiera memorizar cada curva. Se relamió los labios con una lentitud provocadora. Bajo la atenta mirada de Aitana, se quitó la camisa; luego el pantalón, y por último el bóxer, dejando al descubierto su hombría en toda su plenitud.Los ojos de Aitana recorrieron aquel cuerpo bien tonificado frente a ella. Suspiraba nerviosa, torturándose a sí misma por no apartar la mirada. Quiso pedirle que fuera tierno, que no fuera tan brusco como la primera vez, pero las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta. Jax sintió su mirada fija sobre él.—Te intimida… pero has dicho que tienes una hija conmigo —preguntó, alzando una ceja.Aitana abrió la boca para responderle, para explicarle cómo había quedado preñada, pero él la interrumpió.—Quieres tocarlo —propuso Jax, sin darle espacio a defenderse.—No —respondió ella, justo cuando él empezó a acercarse con pasos ligeros, sigiloso, como un depredador seguro de su pre
El cansancio que Aitana había sentido durante todo el día parecía haberse evaporado por completo. La madrugada había llegado, y ella permanecía de pie frente a la ventana, con la mirada perdida en la oscuridad de la calle mientras las palabras de Jax retumbaban en su mente una y otra vez: *“Si te entregas voluntariamente a mí, te firmaré el acuerdo de divorcio”*. Algo no le cuadraba. Jax no pedía, Jax imponía. Y ella no podía entender cómo alguien capaz de destruirla, de convertir su vida en un infierno, podía al mismo tiempo proponerle algo que parecía liberador. Se sentía atrapada en un torbellino de confusión; Jax era un ser imposible de descifrar.Su mente era un torbellino de confusión y miedo, pues, Jax era un enigma imposible de descifrar.Cruzada de brazos, inhaló profundamente, intentando calmar el temblor que recorría su cuerpo. Su pecho se levantaba y caía con dificultad. «Ya me acosté con él antes… fue mi primer hombre, y en aquella ocasión no pude elegir…» pensó con un
Sentado en el silencio espeso de su despacho, Jax no lograba apartar de su mente la pregunta que le había hecho su madre. Le martillaba la cabeza, insistente, corrosiva. El simple hecho de dudar —de preguntarse si Aitana representaba algo más que un instrumento de venganza— lo aterraba.—No… no la amo —se dijo en voz baja, casi como un rezo desesperado—. Ella es la mujer que lastimó a mi hermana. Debo odiarla con toda mi alma.Pero su propio cuerpo lo traicionaba. Nada en él obedecía esas palabras. Dios, cuánto la deseaba. El impulso era infernal, primitivo: tomarla, doblegarla, recorrer con las manos cada una de sus curvas.Sin darse cuenta, se mordió el labio inferior con fuerza. Cuando fue consciente de esa necesidad brutal, golpeó el escritorio con rabia.—Nunca la querré —escupió—. Puedo follarla para humillarla… pero nada más.Al mismo tiempo, Aitana, con Jaden en brazos, decidió por fin dirigirse a la habitación para descansar. El cansancio la tenía vencida.El pequeño se aferr
Tan pronto escuchó las palabras de la ama de llaves, el rostro de Jax pasó del deseo a la furia en un segundo. La transformación fue brutal. Sin mediar palabra, agarró a Aitana por el cuello y apretó con una fuerza desmedida, ciega.El aire dejó de entrarle. Sus pulmones ardieron. Los ojos se le aguaron de inmediato y su cuerpo reaccionó por puro instinto, llevándose las manos al cuello, intentando separarlo. Cuando ya estaba a punto de quedarse sin aliento, cuando la oscuridad empezaba a cerrarse en su visión, Jax la soltó de golpe.Aitana cayó hacia adelante, tosiendo, aspirando aire con desesperación, mientras él se apartaba como si tocarla lo quemara.—Si la condición de Ingrid se agrava, te mataré, así tenga que ir a prisión —amenazó Jax con voz baja, y cargada de odio.Dio media vuelta y salió de la habitación sin mirar atrás.Aitana se quedó allí, doblada sobre sí misma, tosiendo, con la garganta ardiendole y el pulso desbocado. Estaba furiosa, temblando de rabia… y aun así,





Último capítulo