Me niego a casarme.
—Te equivocas; perdiste ese derecho el día que decidiste creer ciegamente en tu hija bastarda y en tu amante, el día que me echaste la culpa de la muerte de mi madre, y el día que enviaste a mi bebé a un orfanato.
Mauricio alzó la mano, con la intención clara y brutal de darle una bofetada que prometía marcarle la piel.
Aitana, en un reflejo, atrapó su mano en el aire.
—Ya no podrás golpearme. Esta Aitana sabe defenderse de ti —paseó su mirada, desafiante, por las dos mujeres que más odiaba, an