Algo no encaja.
Tan pronto escuchó las palabras de la ama de llaves, el rostro de Jax pasó del deseo a la furia en un segundo.
La transformación fue brutal.
Sin mediar palabra, agarró a Aitana por el cuello y apretó con una fuerza desmedida, ciega.
El aire dejó de entrarle. Sus pulmones ardieron. Los ojos se le aguaron de inmediato y su cuerpo reaccionó por puro instinto, llevándose las manos al cuello, intentando separarlo. Cuando ya estaba a punto de quedarse sin aliento, cuando la oscuridad empezaba a ce