Engañada por el despreciable.
Jax la observó con detenimiento, de arriba abajo, sin prisa, como si quisiera memorizar cada curva. Se relamió los labios con una lentitud provocadora.
Bajo la atenta mirada de Aitana, se quitó la camisa; luego el pantalón, y por último el bóxer, dejando al descubierto su hombría en toda su plenitud.
Los ojos de Aitana recorrieron aquel cuerpo bien tonificado frente a ella.
Suspiraba nerviosa, torturándose a sí misma por no apartar la mirada.
Quiso pedirle que fuera tierno, que no fuera tan