Un matrimonio muy forzado con mi enemigo.
Aitana apenas tuvo tiempo de respirar cuando el sonido de un motor rugió al otro lado de la ventana. Los neumáticos se detuvieron frente al portón como si marcaran el fin del tiempo para ella.
Parpadeó.
Su corazón golpeaba fuerte, como queriendo romperle el pecho para huir antes que ella.
Un mensaje de Alan, su padre, vibró en su teléfono: “Baja, o haré que estos hombres vayan a sacarte de ese cuarto.”
Sus dedos se helaron.
El murmullo de pasos se acercó por el pasillo.
La puerta se abrió sin t