Mundo ficciónIniciar sesiónDurante cinco años, Fernanda fue la esposa invisible. La mujer que rescató a Francisco de la ruina, entregándole su corazón en silencio, solo para ser recompensada con su desprecio y mientras ella preparaba cenas de aniversario y fiestas de cumpleaños que solo ella festejaba, él corría a los brazos de Valeria, su "amor de la infancia", la misma que lo abandonó se quedó sin dinero. Pero el juego terminó la noche en que Fernanda encontró a esa mujer usando el último recuerdo de su madre muerta. Esa noche, la esposa abnegada dejo de existir y en su lugar, despertó la verdadera heredera del Imperio Nanda. Francisco pensó que ella era una pieza más en su tablero, pero ahora descubrirá que él siempre fue un peón en el tablero de ella... Entre mentiras de embarazos falsos, sangre de utilería y una traición que lo dejará en la calle, Francisco intentará recuperar a la mujer que destruyó... sin imaginar que el destino le pondrá a frente a ella, a un hombre más poderoso a su lado y el control total de su destino. Él le pidió sacrificios. Ella le dará una lección que no podrá pagar jamás.
Leer másCapítulo 67. Escarcha, barro, arcilla y agua.Lo que nadie sabía era que Francisco Villa se había apuntado como voluntario para la reconstrucción del ala este del museo.Él pensaba que se los debía, sobre todo porque los cristales que terminaron rotos fue toda culpa de él. Sin mencionar los daños que provocó Vega al meter todo su equipo por la parte de atrás.El chaleco reflectante era de un naranja tan chillón que Francisco estaba seguro de que podía ser visto desde la Estación Espacial Internacional que estaba en el espacio.Se miró en el reflejo de uno de los cristales antes de ingresar... toda el ala este del museo estaba vacío , sabía que el grupo Nanda se encargaría del ala oeste, solo esperaba no cruzarse con Fer... había decidido seguir su vida y dejarla ser.El hombre soltó un suspiro que cargaba con más de dos décadas de orgullo herido. Él, Francisco Villa, el hombre que solía vestir trajes de tres piezas hechos a medida en Milán, ahora parecía un trabajador vial en medio de
Capítulo 65. El cierre que todos necesitaban.Desde hacia algunas semanas Sebastian había preparado una sorpresa para Fer, se suponía que el día de la gala en el museo la anunciaría, pero debido a todos los inconvenientes y al señor Vega no pudo hacerlo.Pero esa misma noche se la dio.-- ¿Por qué tanto misterio Sebas? – le preguntó al ver que su hermano caminaba nervioso por su residencia.-- Fer. He querido decirte esto desde hace tiempo, pero no he podido... ya sabes, con todo lo que ha pasado – ella asintió.-- Bueno acá vamos – le dijo y le entrego una tarjeta de acceso con su nombre.-- Y esto? –-- Esta tarjeta es la que te permitirá entrar en tu propia empresa Fer – ella se sobresaltó.-- ¿Cómo dices? –-- Las oficinas de la empresa Villa, ahora son las oficinas del proyecto Nanda hermanita. Ya no necesitas utilizar la empresa de Alejandro para trabajar – ella sonrió agradecida.-- ¿Es en serio? –-- Lo es. Ahora ese monstruo es todo tuyo –Unos días despuésFernanda entró en
Capítulo 64. El día despuésSebastián salió del departamento, dejando a la pareja a solas. El sol de la mañana entraba por el ventanal, iluminando un nuevo comienzo. Valeria Flores era cenizas, y con ella se iba la última cadena que ataba a Fernanda a un pasado de sombras y mentiras.Al día siguienteEl sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas del departamento de Alejandro, dibujando líneas de polvo dorado que bailaban en el aire estático. Fernanda abrió los ojos lentamente, sintiendo una pesadez en los párpados que no se debía solo al cansancio físico, sino al peso emocional de las últimas horas. Se giró entre las sábanas de seda y encontró el lugar a su lado vacío, aunque todavía conservaba el calor de Alejandro.Se incorporó apoyando la espalda en el respaldo acolchado, abrazando sus rodillas. El silencio del departamento era absoluto, un contraste violento con los gritos, las sirenas y los disparos que habían sellado la mañana de ayer.Valeria Flores ya no existía. Aq
Capítulo 64. El peso del silencioEl zumbido en los oídos de Fernanda no se detenía.El sonido de los disparos seguía rebotando en las paredes de su memoria, mezclándose con la imagen de Valeria cayendo sobre el césped de la mansión. Alejandro conducía con una mano firme en el volante y la otra entrelazada con la de ella, apretándola con una urgencia silenciosa. Sabía que ella necesitaba ese anclaje, ese recordatorio físico de que el peligro real finalmente se había desvanecido.-- Ya pasó, Fer – le susurró Alejandro sin apartar la vista de la carretera.-- Esta vez es de verdad. Se acabó –Fernanda apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y cerró los ojos. No sentía alegría, ni triunfo. Lo que sentía era un vacío pesado, una fatiga que le calaba hasta los huesos. Valeria había sido una sombra en su vida durante tanto tiempo que ahora, sin ella, el horizonte se sentía extrañamente ancho y aterrador.-- Lo sé – le respondió ella apenas en un hilo de voz.-- Pero verla ahí... ver a do
Capítulo 63. El precio de la sangre.Francisco palideció, pero esta vez no retrocedió. Fernanda miró a Alejandro, confundida.-- Francisco había instalado un puente – Fernanda seguía escuchándola sin entender.-- Un bypass ilegal en el sistema de ventilación del museo para abaratar los costos y quedarse con el excedente de la licitación – reveló Valeria con veneno.-- Si el gas se hubiera filtrado por el sistema original, no habría pasado nada. Pero gracias a su "ahorro", el sistema se convirtió en una era trampa mortal. ¿Verdad, cariño? – esta vez Francisco no se inmuto. Sabia que se escuchaba mal lo que decía Valeria, pero había sido verdad.Francisco suspiró profundamente y miró a su abuela, luego a Fernanda.-- Es verdad – admitió él, con voz firme.-- Cometí ese error. Fui ambicioso y estúpido cuando lo hice. No pensé en mi reputación, ni la de la empresa. Puse ese puente para abaratar costos para mi propio beneficio –Alejandro ya lo sabía, asi que no se inmuto. La abuela igual.
Capítulo 62. Verdades descubiertas.El auto de Peralta se detuvo frente a la imponente fachada del Hotel Principal. Valeria bajó del vehículo antes de que el abogado pudiera darle la vuelta para abrirle la puerta. Caminó por el vestíbulo con la barbilla en alto, ignorando las miradas furtivas del personal que recordaba perfectamente los titulares de los periódicos.-- Señorita Flores... bienvenida de nuevo – le dijo el recepcionista, con una voz que temblaba ligeramente.-- No sabíamos que... –-- No necesito tu bienvenida – lo cortó ella, extendiendo la mano.-- Dame la llave de mi habitación y las de mantenimiento para el cuarto piso. Ahora –-- Lo siento señorita Flores, pero su habitación ya está reservada... sus cosas fueron retiradas hace mucho, luego de... usted sabe –Valeria se inclinó sobre el mostrador, sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa.-- Sé perfectamente lo que retiraron y lo que no. Dame la llave o mañana me encargaré de que el dueño de este hotel sepa cuá





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