Mundo ficciónIniciar sesiónEn la noche de la celebración de su aniversario de bodas, Emma Taylor encontró a su esposo, Harry Smith, besándose con su propia asistente. La vida de Emma se derrumbó frente a cientos de invitados; su dignidad quedó hecha pedazos. Pero en medio de aquella traición apareció James Walker —el tío de Harry, frío, severo y enemigo de la infidelidad—. Fue él quien le dio fuerzas a Emma… y al mismo tiempo la atrapó en un sentimiento prohibido. Mientras Harry se embriagaba en los brazos de Sophie, la noticia de su aventura se difundió rápidamente, arrastrando el prestigioso apellido de la familia Smith hacia el abismo de la ruina. Entre el dolor y un amor prohibido, ¿será capaz Emma de encontrar un nuevo camino en su vida? ¿O volverá a hundirse junto a su pasado? «Una historia sobre un amor que nace de la destrucción».
Leer más—Harry… —la voz de Emma se quebró, temblorosa—. ¿Qué estás haciendo con Sophie? Ustedes…?
Mientras los invitados se dejaban llevar por la suave música de jazz que flotaba en el ambiente, Emma decidió salir a buscar aire fresco en el jardín trasero de la villa. La brisa nocturna debería haberla calmado, pero aquella noche resultaba asfixiante. Sus pasos eran ligeros, aunque el latido de su corazón se aceleraba sin razón aparente. Tal vez porque el vestido de su último diseño le oprimía demasiado el cuerpo, o quizá por el mal presentimiento que la había inquietado desde la tarde. Y fue allí donde encontró la escena que cambiaría su vida para siempre. Harry. Su esposo. Demasiado cerca de Sophie, la joven que hasta entonces había sido su asistente personal. Sophie, que siempre le dedicaba una sonrisa dulce; Sophie, siempre diligente al ayudarla; Sophie, a quien Emma había considerado una amiga. Sus labios estaban unidos, con una intimidad que parecía detener el mundo a su alrededor. Bajo la luna suspendida en el cielo, Harry y Sophie parecían dos amantes embriagados de pasión. El cuerpo de Emma se quedó paralizado. Por un instante deseó estar equivocada, que todo fuera una pesadilla de la que pudiera despertar. Pero la marca del carmín rojo de Sophie, claramente impresa en los labios de Harry, borró cualquier esperanza. Aquella noche debía ser una noche feliz, la celebración de los tres años de matrimonio de Emma Taylor y Harry Smith. Los invitados, vestidos con elegantes trajes de gala y costosos esmóquines, bebían champán mientras intercambiaban sonrisas, disfrutando del lujo de la fiesta organizada por la familia Smith. La lujosa villa había sido transformada en un jardín de ensueño, con decoraciones de flores frescas y una iluminación deslumbrante. Todo para celebrar el amor de Emma y Harry. Como diseñadora de renombre, Emma siempre era el centro de atención. Esa noche llevaba un vestido de su propia creación, de color champán, con intrincados detalles bordados en pedrería. Su cabello estaba cuidadosamente peinado, enmarcando su rostro bello y firme. Sin embargo, detrás de la sonrisa que mostraba ante los invitados, su corazón anhelaba algo que jamás había recibido por completo: la calidez de un esposo. Harry Smith, el hombre apuesto que ahora era su marido. En público siempre parecía perfecto: amable, carismático, heredero exitoso de la empresa familiar. Su sonrisa lograba conquistar a muchas mujeres. Pero Emma sabía que entre ellos existía una distancia cada vez más difícil de salvar. Sus respectivas ocupaciones se habían convertido en un muro que, poco a poco, erosionaba el amor que antes ardía con intensidad. Harry se sobresaltó y se apartó rápidamente de Sophie. En su rostro se dibujaron la sorpresa y la culpa. —Emma, esto… esto no es lo que parece. Sophie y yo solo… —¡Basta, Harry! —lo interrumpió Emma, con los ojos llenos de lágrimas que amenazaban con desbordarse—. No necesito explicaciones. Y tú, Sophie… desde este instante estás despedida. Lejos de sentirse culpable, Sophie esbozó una sonrisa burlona que hizo estremecer a Emma. Avanzó con elegancia hacia ella, como si la victoria ya le perteneciera. El vestido rojo intenso que llevaba puesto parecía aún más provocador bajo la luz de la luna. —No importa si me despides —dijo con frialdad cortante—. Porque el señor Harry ya es mío. No necesito seguir trabajando para una mujer tan obstinada como tú, Emma Taylor. Tengo a Harry, el hombre que siempre presumías delante de mí. —¡Sophie, deja de hablar! —la reprendió Harry, intentando contenerla. La tomó del brazo, pero ella se zafó con brusquedad. —Incluso tú, Harry, todavía recuerdas aquella noche… nuestra aventura de una sola vez que te volvió loco por mí. ¿Acaso Emma alguna vez pudo igualarme en la cama? —continuó Sophie, sin importarle las miradas de sorpresa y repulsión de los invitados. Una sonora bofetada impactó en el rostro de Sophie, y el jardín quedó en silencio. El eco del golpe rompió la quietud de la noche. Emma respiraba con dificultad, su cuerpo temblaba de ira y dolor. Sus manos estaban fuertemente cerradas en puños, conteniéndose para no hacer algo peor. —Muy bien, si eso es lo que quieres, Harry… —la voz de Emma se alzó, resonando hasta obligar a todos a volverse hacia ella. Las lágrimas finalmente rodaron por sus mejillas—. Ya que me has traicionado con mi propia asistente, entonces… ¡divorciémonos! Los murmullos comenzaron a extenderse entre los invitados. El nombre de Emma Taylor, siempre admirado, se veía ahora envuelto en un escándalo humillante. Su reputación como diseñadora de prestigio quedaba manchada por la infidelidad de su esposo. Harry guardó silencio un instante y luego su expresión se endureció. Dio un paso al frente, mirando a Emma con furia contenida; en sus ojos brillaban la decepción y el resentimiento. —¿Quién te crees para hablar de divorcio delante de todos? Muy bien, nos divorciaremos, Emma. Eres demasiado orgullosa como esposa. Nunca tienes tiempo para mí, ni siquiera quieres darme un hijo. Sigue con tu mundo si eso es lo que deseas. Comparada contigo, Sophie es mucho mejor. Desde esta noche, lo nuestro se ha terminado. Aquellas palabras atravesaron el corazón de Emma, destruyendo todo lo que había construido durante tres años. El matrimonio que creyó feliz no era más que una ilusión. El amor que pensó eterno, una farsa. Pero antes de que pudiera responder, una voz grave resonó desde la puerta de la villa. Una voz profunda, autoritaria y cargada de ira, que hizo que todos guardaran silencio. —Harry Smith… ¿qué acabas de decirle a tu esposa? El ambiente se congeló. Todas las miradas se dirigieron hacia el origen de aquella voz. Emma también se quedó inmóvil, su rostro palideció al reconocerla. Hacía tiempo que no la oía. Una voz que siempre le provocaba incomodidad. No era la voz de cualquiera. Era la de alguien a quien había intentado evitar durante mucho tiempo. Alguien con gran influencia dentro de la familia Smith. Alguien que guardaba un oscuro secreto del pasado. Y ahora, esa persona llegaba con una ira imposible de contener. El hombre avanzó con paso firme y seguro. Bajo la luz de la luna, su rostro se veía severo y lleno de autoridad. Ese hombre era James Walker, el tío de Harry Smith.El aire de Londres calaba hasta los huesos cuando James bajó del coche negro que lo esperaba en el aeropuerto. El cielo gris colgaba pesado, y el olor a lluvia mezclado con el humo de los vehículos le dio la bienvenida.En su mano izquierda, James sostenía una carpeta con documentos sobre Smith Corporation. Ya había leído el informe durante el trayecto: la decisión unilateral de Harry de vender la mayoría de las acciones de la empresa sin conocimiento del consejo de administración, incluido él mismo, accionista oculto tras el nombre de la nueva compañía internacional que había creado.Sus pasos se detuvieron frente al alto edificio con el logotipo de Smith Corporation. Antes, aquel lugar era símbolo del éxito de la familia Smith. Ahora, solo quedaba la sombra de la ruina.En el piso superior, Harry estaba sentado solo en la sala de juntas, mirando los documentos sobre la mesa con ojos apagados y un rostro que parecía más viejo que su edad.Cuando la puerta se abrió, su voz sonó grave.
Unas semanas después, su casa en las montañas de Suiza se transformó en un pequeño estudio lleno de telas, agujas y paneles de inspiración. Emma parecía más viva que nunca. El rostro que antes solía estar pálido comenzaba ahora a iluminarse, aunque el cansancio todavía la asaltaba a veces, mientras su vientre crecía cada vez más.James la observaba a menudo desde la distancia: la forma en que Emma se apartaba el cabello hacia atrás cuando pensaba intensamente, el brillo en sus ojos cuando los colores de las telas armonizaban entre sí, o la manera en que se acariciaba el vientre con suavidad cada vez que el agotamiento la vencía.—¿James? —aquella voz suave interrumpió sus pensamientos una tarde.Él se volvió.—¿Sí?Emma lo miró, algo vacilante.—Este gran proyecto… ¿cómo pudo surgir tan de repente? Claudia incluso dijo que alguien me recomendó. ¿Sabes algo al respecto?James la contempló con una sonrisa serena.—Quizá el mundo por fin ha descubierto dónde encontrar la belleza que creí
James acababa de terminar una llamada de negocios cuando su teléfono volvió a vibrar. Dudó un instante antes de responder: el nombre en la pantalla le detuvo la respiración por un segundo.Harry Smith.James observó el nombre durante largo rato y finalmente pulsó el botón verde.—Harry —dijo con calma—. No esperaba que volvieras a llamarme.La voz al otro lado sonaba ronca, casi como la de alguien que ha perdido el rumbo.—James… sé que he cometido muchos errores. Pero esta vez realmente necesito tu ayuda.James se recostó en la silla.—Creo que ya hablamos de esto antes. Y mi respuesta sigue siendo la misma.—Por favor, escúchame primero —lo interrumpió Harry con rapidez—. Mi empresa está verdaderamente al borde del colapso. Nuestro último inversor retiró los fondos esta mañana. Todos los grandes contratos han sido cancelados. Y… Sophie se ha ido.—¿Se ha ido? —James frunció el ceño.—Dijo que estaba harta de vivir a la sombra de Emma. Que yo solo estaba arruinando su nombre. Me dejó
—Quiero presentarte a alguien: una diseñadora senior en Suiza, se llama Claudia Skye. Está interesada en ver los bocetos que has hecho. Creo que podría ser una buena oportunidad para que colaboréis.Emma pareció sorprendida.—¿Claudia Skye? ¡Es una leyenda en el mundo de la moda europea! Pero… no quiero volver a ese mundo, James. Al menos por ahora. No estoy preparada.—No te estoy pidiendo que regreses —respondió James con suavidad—. Solo quiero que vuelvas a encontrarte a ti misma, sin un gran nombre, sin el peso del pasado. Puedes seguir siendo tú, pero en un lugar nuevo. Un mundo que no te juzgue por las noticias, sino por tu obra.Emma bajó la mirada, reflexionando.—Pero… si vuelvo a crear, la gente sabrá quién soy. Sabrán que sigo viva.James la miró con ternura, aunque con firmeza.—Entonces no uses tu nombre. Usa uno nuevo, una nueva identidad. El mundo no necesita saber quién está detrás de esos hermosos diseños. Que solo vean la obra, no las heridas.Emma guardó silencio la
El sonido de un cristal al romperse resonó en el salón de aquel lujoso apartamento.Harry acababa de lanzar su vaso de whisky contra la pared, y el líquido dorado se deslizaba por el mármol, dejando en el aire un penetrante olor a alcohol.—¿Qué has dicho, Sophie? —su voz era ronca, casi como el gruñido de un animal herido.Sophie permanecía al otro lado de la estancia, el rostro enrojecido, entre la rabia y el miedo.—¡Eres un idiota, Harry! ¡Un completo idiota! ¡Todo el mundo ahí fuera se burla de ti y tú sigues ocupado culpando a los demás!Harry la fulminó con la mirada.—Cuida tus palabras.—¡No! —Sophie hizo un gesto brusco en el aire, furiosa—. ¡Ya es hora de que alguien te lo diga a la cara! Tu empresa se hunde porque estás demasiado ocupado protegiendo tu orgullo. Y mira ahora: tus acciones se desploman, tu reputación está destrozada, ¡hasta yo he sido humillada por esta relación absurda!—¿Relación absurda? —Harry soltó una risa breve y amarga—. Qué curioso. Recuerdo perfect
Aquella mañana, el aire en las montañas de Suiza era tan limpio y cristalino. El cielo azul claro se extendía inmenso, mientras una fina capa de nieve aún descansaba sobre los pinos.Emma estaba sentada junto al gran ventanal del salón, vestida con un suéter color crema y unos pantalones de lana suave. En su regazo, varias telas en tonos pastel reposaban cuidadosamente dobladas, y sobre la mesa frente a ella se acumulaban bocetos de diseños de moda.La mujer dibujaba con absoluta concentración: trazo tras trazo iba formando la silueta de un vestido sencillo pero elegante. Ya no existía el deseo de exhibir el resultado. No más. Ahora, cada pedazo de tela que diseñaba era simplemente su manera de respirar.Afuera, James acababa de cerrar su portátil después de una reunión virtual con el equipo financiero en Londres. El hombre dirigió la mirada hacia Emma, que seguía absorta en su trabajo. Sus ojos eran suaves, aunque en ellos se insinuaba una leve preocupación.—Llevas dos horas sentada





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