159. El primer llanto
El día llegó antes de lo que Emma había imaginado.
El amanecer aún colgaba pálido en el cielo cuando comenzó el dolor—diferente a los calambres habituales. Más profundo. Más rítmico.
Emma despertó lentamente, con una mano acunando instintivamente su ya abultado vientre. Esperó unos segundos.
Volvió a venir.
Más fuerte esta vez.
—James —lo llamó en voz baja.
Él se despertó al instante, como si nunca hubiera dormido realmente tranquilo desde que ella entró en su noveno mes. —¿Qué pasa?
Emma inspi