7. La promesa de James
Emma miraba fijamente la mesa.
Sus dos manos temblaban.
Mientras tanto, James la observaba en silencio. En sus ojos se insinuaba un sentimiento imposible de explicar: había preocupación, pero también algo suave, que iba creciendo poco a poco sin que él mismo lo advirtiera.
Después de que el médico se despidiera, dejando una receta de vitaminas y largos consejos, el silencio volvió a llenar la habitación.
Emma siguió con la mirada baja. Su cuerpo estaba rígido.
—Lo has oído, ¿verdad? —su voz era